Cultura

El Teatro Real presenta Partenope, de Haendel, con la asistencia de los Reyes

CRÓNICA

Isabel Cantos | Domingo 14 de noviembre de 2021

En esta coproducción de la Enghish National Opera, la San Francisco Opera y la Opera Australia, la primera en España que incorpora escena, ésta ha corrido a cargo de Christopher Alden, que ha recreado un bullicioso salón parisino en la década de 1920, con las vanguardias artísticas de fondo y donde la protagonista, Parténope, se deja cortejar por tres pretendientes entre los que deberá escoger a uno.



Los amantes del Barroco pudieron disfrutar la noche del sábado con esta atípica ópera del genio de Halle; una creación que aúna emotividad y divertimento. La obra es atípica dentro de su estilo porque cuenta con más conjuntos de lo habitual: los personajes apenas cantan a la vez, sino que construyen un diálogo mediante el canto, mayormente individual, con conversaciones que van tejiendo un argumento de comedia plagado de dobles identidades -con doble travestismo-, desafíos, seducción y celos.

Partenope, estrenada en 1730 en el King’s Theatre de Londres, relata la fundación mítica de la ciudad de Nápoles, argumento que fue tomado de Dell'historia della città e regno di Napoli de Giovanni Antonio Summonte (siglo XVI): Parténope, hija de Eumelos, rey de Feras, Tesalia, sigue el augurio de una paloma y funda la ciudad en la costa del Tirreno. El libreto, escrito en 1699 en Nápoles por Silvio Stampiglia para el compositor de Brescia Luigi Mancia, se utilizó en más de una veintena de óperas antes de la de Haendel y sufrió incesantes cambios durante ese proceso, pero Haendel parece haberse basado en la versión empleada por Caldara (22 de las 31 arias de que consta la ópera están tomadas del libreto de éste), aunque nuestro compositor reforzaría los finales de acto poniendo en boca de sus personajes arias poderosas y emotivas. En cuanto a Stmpiglia, el libretista, de la Accademia dell’Arcadia, había destacado por querer infundir a sus libretos valores más nobles o elevados de lo que se había hecho hasta entonces, huyendo de los elementos sobrenaturales, pero mezclando lo serio y lo cómico, lo que sin duda está explica la atipicidad temática de esta ópera dentro de la producción haendeliana, que especialmente desde la Royal Academy (1720) muestra predilección por los temas heroicos y la grandiosidad.

Otra novedad de la ópera es el protagonismo femenino: la fortaleza de Parténope -en la época de Haendel interpretada Anna Strada del Pò, la única que permaneció con el compositor cuando entró Pórpora en la escena londinense- y Rosmira contrasta con la inicial debilidad de Arsace y Armindo.

En puridad no puede afirmarse que Partenope sea una de las calificadas como grandes óperas de Haendel, pero contiene pasajes muy bellos; como el aria “Ma di quai note di mesti lamenti”, a cargo del personaje de Arsace; más que un aria una cavatina, breve -como todas las arias de la ópera- y con una curiosa construcción final, dado que la voz se va difuminando hasta extinguirse porque el personaje se queda dormido (este recurso argumental es relativamente habitual en la ópera barroca, que a veces llega a interrumpir bruscamente la música cuando el sujeto cae en los brazos de Morfeo). A pesar de los pasajes en modo menor -en el atormentado y confuso personaje de Rosmira o en los nada heroicos Arsace y Armindo- el predominio del modo mayor -mayormente Fa- confieren a esta obra -en suma extrovertida- optimismo y un brillo; podría decirse que en la lucha entre lo triste y lo alegre gana esto último. En cierta conexión con lo anterior el profesor José Máximo Leza ha apuntado: “Cuando llegan a cuatro los amantes que coinciden al mismo tiempo, la situación solo puede desembocar en la más extrema de las tragedias o en el placentero enredo de una comedia. La Partenope de Händel parece inclinarse hacia esta última opción.”

Son elementos dignos de destacar en esta producción la sobresaliente ejecución musical, con la particularidad de que Ivor Bolton, el director musical, toca él mismo el clave. En el terreno vocal en el estreno del sábado sobresalió la mezzosoprano italiana Teresa Iervolino como Rosmira. Esta cantante, graduada hace tan solo diez años, que ha sido entre otros personajes Rosina de El Barbero de Sevilla o Juana de Arco de la ópera homónima de Rossini, ha sido premiada en numerosos concursos internacionales. En los papeles masculinos destacó por su extraordinaria versatilidad el contratenor Anthony Roth Costanzo como Armindo: aparte de su buena proyección y equilibrio vocal, su interpretación, que incluye cantar casi boca abajo colgado de una barandilla, arrancó las risas del público. Costanzo estuvo a la altura de las exigencias, aunque, como seguidamente se apuntará, la concepción escénica ideada por Alden sea, pese a su evidente atractivo, errónea.

Debe constituir un motivo de preocupación que en los últimos años algunos directores se preocupen en exceso por buscar efectos jocosos cayendo a menudo en lo fácil con tal de entretener al público. Dejando aparte el evidente horror vacui (empeño por rellenarlo todo para evitar que los asistentes “se aburran” deleitándose con un bello fragmento), que amenaza por convertir la ópera en un espectáculo circense, existe en esta puesta en escena un obvio error de concepto: sucede en los años 20, en una casa donde todos se reúnen, con lo que se pierde la relación entre ellos que da lugar al argumento. Además, los momentos dramáticos o sentidos, que deben existir en la comedia de la ópera barroca -como es Partenope- en sutil contraste con los cómicos y que requieren su debida concentración, quedan desdibujados, frívolos y sin sentido cuando se abusa de los elementos citados.

Esta producción contará en el Teatro Real con dos repartos: las sopranos Brenda Rae y Sabina Puértolas (Parténope); las mezzosopranos Teresa Iervolino y Daniela Mack (Rosmira); los contratenores Iestyn Davies y Franco Fagioli (Arsace), y Anthony Roth Costanzo y Christopher Lowrey (Armindo); los tenores Jeremy Ovenden y Juan Sancho (Emilio) y los barítonos Nikolay Borchev y Gabriel Bermúdez (Ormonte).