Opinión

La libertad entre paréntesis

Viernes 19 de septiembre de 2008
La naturaleza humana es más permanente e inalterable de lo que muchos han llegado a pensar. Esa es la razón por la que ciertas afirmaciones sobre la precaria realidad del hombre son tan ciertas cuando se pronunciaron como lo son en la actualidad, sin que el paso de los siglos reste brillo a su verdad. Es el caso de muchas de las profundas intuiciones de Adam Smith, como aquella de que de la reunión de varios empresarios con intereses comunes suele resultar "una conspiración contra el público".

Muchos se habrán acordado de estas palabras al escuchar las pronunciadas por Gerardo Díaz Ferrán y que han producido general asombro. Mientras defendía que el Gobierno, por medio del ICO, otorgase a ciertas empresas los créditos que son difíciles de obtener en el mercado, declaró que era conveniente "hacer un paréntesis en la economía libre". Esta idea de que la libertad está muy bien pero sólo cuando me convenga y que, en función de esos intereses, cabe cercenarla, trocearla o suspenderla en paréntesis de duración incierta tampoco es nueva. Pero es discutible que tenga algo de virtuosa. Por otra parte, la idea de socializar pérdidas pero asegurarse como privativo los beneficios, no es precisamente un ejemplo de coherencia lógica.

Los ciclos económicos no son ajenos a la intervención del Estado, pero tampoco lo son a ciertas prácticas bancarias contrarias a los principios de la buena gestión, como es la mala costumbre de financiar con deuda a corto plazo proyectos que maduran a largo plazo. El Estado podría contribuir al buen funcionamiento del mercado financiero impidiendo, en la medida de lo posible, esta práctica fraudulenta. Pero por un lado no lo hace, y por otro realiza intervenciones, como las manipulaciones del tipo de interés u otras, que introducen incluso más distorsiones.

Cuando todo el mal está hecho, pero aparecen sus consecuencias, en lugar de permitir que la economía se ajuste del modo más rápido posible -es decir, permitiendo que los agentes económicos actúen con libertad- los políticos prestan sus oídos a los aullidos del público y de los intereses particulares. Es el caso de los rescates, coordinados entre la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro, de entidades como el banco Bear Stearns, las hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae o la gigante del mercado de seguros AIG. Los privilegiados por esas intervenciones no son tanto los accionistas como los acreedores, los que más iban a perder con las sucesivas declaraciones de quiebra.

De ahí lo de "socializar las pérdidas", pues las que han resultado de operaciones realizadas con un riesgo libremente asumido, acaban diluyéndose, por la fuerza de los impuestos, entre los ciudadanos. Esta intervención es violentamente injusta. Lo llamativo es que la izquierda española, primera entre todas a la hora de justificar cualquier intervención, se sume ahora a las justas exigencias liberales en contra de este desafuero. Mucho nos tememos que en cuanto tengan ocasión volverán a encabezar cualquier manifestación a favor de “conspiraciones” contra el público como las propuestas por Díaz Ferrán.

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