Cervantes no cabe en Barcelona porque huele a español, según dicen. La afrenta viene de la mano de los comunes de Ada Colau, los socialistas y ERC, que se postulan ante la negativa de dedicarle una estatua a Cervantes o en su defecto al ingenioso hidalgo don Quijote en la ciudad catalana. Hasta de “catetada” lo ha calificado el ministro Miguel Iceta, que ya es decir en lumbreras de tal empaque. Y no es poner en juicio de valor la falta de gratitud, pues don Quijote dedicó a la Ciudad Condal excelsos y sobrados tributos de honra como para ocupar sitial preferente, pero una vez más los coleccionistas de odios levantan muros de repudio a pesar de los agasajos dinerarios que el Gobierno de España les dispensa.
Estos ignaros de nuevo “imperio”, lejos de no conformarse con cercenar la historia y la gloria que la sustenta, además fabrican calaveras por donde asientan sus reales y no mejor muestra de la decadencia actual en la que hoy se encuentra aquella ciudad prodigiosa y floreciente que don Quijote visitara en imaginación deshaciéndose en elogios a través de sus andanzas: “Archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza única” Estas, entre otras, fueron alabanzas que el Ingenioso Hidalgo dedicó a la Ciudad Condal: “la flor más bella de las ciudades del mundo” Más nada de esto sirve a los romos del intelecto incapaces de distinguir que prefieren hacer el hazmerreír diciendo que Cervantes no cabe en Barcelona porque huele a español, cuando el insigne dedicó piropos a la ciudad con total profusión; pero sabido es que para el independentismo somos una raza de “bestias carroñeras, víboras, hienas y bestias con forma humana” según nos definió Quim Torra en un arrebato de antropología amasada
País de penates el nuestro que atiende antes a los que abren la boca para llenar su estipendio de intereses con prosa de populismo descosido, más propio de la ojeriza y el unte, además de la tarabilla inconfundible de estos infamantes diosecillos. Ya es bastante significativo su mefítica xenofobia hacia la meseta castellana por aquello del legítimo, libre y excelso uso del español que por aquí gastamos, es que además lanzan su inquina hacia todo rincón que se precie en llevarles la contraria lingüística. No olvidemos que somos en número de 600 millones de personas los depositarios de tanta riqueza. A buen seguro que eso escuece y retuerce como mal de vientre.
La cosa viene por culpa de tanto político melifluo que tira de falsos prebostes para el buen gobierno y claro, la necedad se ha instalado allí donde el tintineo de los caudales públicos llama a la sopa boba. España cada vez más desnortada en orden y concierto, más endeudada en conocimientos y nada que esperar del progreso, pues un país en donde se puede okupar sin comprar; aprobar sin estudiar; y cobrar sin trabajar, está vendido a tirios y troyanos. Miren que todo descansa en el apostolado del saber, pero para ello hay que estudiar y cultivarse en la vida, pero ni por esas. Hoy prima más el vulgarismo y la sandez cuyos encantos seducen a astrosos bellacos y bellacas que ven cuan fácil les resulta abrir las puertas que generan réditos y fecundos provechos. Esto produce fealdad y decadencia, pues la sociedad se vuelve más hedionda en modales y turbia en lenguas cuando aquellas o aquellos, que dándoselas de resabias o resabios, salivan decires a modo de mucosidad trisulca. Hacen daño a la audiencia, no por ser ésta de oído fino, sino más bien por la coz de mula torda que expelen de los disparates.
Llegados a este punto permitan un devaneo literario, que aclaro, ni un servidor tiene donaire en méritos ni guarda comparación alguna ni siquiera con la sombra de don Miguel de Cervantes, pues ya quisiera un secuaz de oficio como yo escribir con pluma de ave tosca y fuerte impregnada en tinta negra sobre papel de tela. Aun así les vengo a decir: “Doña Ada Colau y sus paladines/cabalgan sobre jumentos/han humillado a Cervantes/negándole un monumento/ si no para él, para don Quijote tal vez/pero esto huele a español/¡vaya por Dios!/Prefieren la zanahoria en el hocico/a modo de monolito/para que don Pedro con sus gabelas/les siga el juego a buen ritmo/Cobramos de España/donde quien no roba, engaña/que los españoles, para ellos/somos solo pordioseros/Más sabido es que el nacionalismo catalán/se excusa sin capacidad intelectual/antes prefieren los improperios en ridícula versión/que la sabiduría de un español/Cervantes, don Miguel/tuvo la belleza de Barcelona en sus manos/hoy, entre la Barceloneta y El Raval/aquello parece un albañal./Lástima de ingenio y sabiduría/caída en manos baldías y vanas cofradías.