Sábado 20 de septiembre de 2008
Con un estrecho margen de apenas 8 puntos sobre su carismático contrincante y actual Ministro de Transportes, Shaul Mofaz, Tzipi Livni era elegida como nueva cabeza visible del partido Kadima. Así, la titular de Exteriores podría convertirse en la mujer más poderosa del país desde Golda Meir, lo cual es mucho decir. Además, pondría el broche de oro a una meteórica carrera, iniciada como agente de operaciones del mítico Mossad. Con todo, no lo tendrá fácil. Livni cuenta únicamente con 42 días para presentar una nueva coalición de gobierno. En la atomizada y, a menudo, volatil política israelí, semejante plazo se antoja insuficiente, por lo que el escenario de unas elecciones anticipadas cobra cada vez más fuerza.
Frente a ella, el carismático líder del Likud, Benjamín Netanyahu, al que los sondeos situarían en una intención de voto del 30 por ciento, porcentaje similar al que otorgan a Livni. Aun así, quien venciese en la cita electoral debería hacer frente a un dificilísimo cometido, cual es el de lograr formar gobierno. La dificultad estriba en la composición de la Knesset –parlamento israelí-, poblada por una heterogénea amalgama de partidos, que van desde los ultraortodoxos del Shas hasta los izquierdistas del Meretz, pasando incluso por una coalición de jubilados. Con razón se dice en Israel que su parlamento jamás adoptará una decisión por unanimidad.
Pero además, Livni ha de hacer frente a una dificultad añadida, que es la de librarse de la pesada carga de Ehud Olmert. El ya ex primer ministro y ex alcalde de Jerusalén hubo de abandonar su cargo ante acusaciones de corrupción. Pero no parece muy dispuesto a abandonar la primera línea política, con lo que debilitaría notablemente las opciones electorales de Kadima. Y conviene recordar que este partido es un interesante experimento centrista, en le que conviven sensibilidades tan diversas como el ex laborista Simon Peres y el antiguo “halcón” del Likud, Ariel Sharon. Todo apunta a que Livni imprimiría un cierto giro izquierdista a su mensaje político, aunque para apreciarlo habrá que aguardar a que forme gobierno. De su éxito dependerá en gran medida la estabilidad de la zona. Ojalá de su elección pueda decirse aquello de Mazel Tov –“bien hecho” o “buena suerte”-.
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