He vivido en común unión con mis propósitos, porque mi naturaleza y mi razón no me permiten renunciar a esa fidelidad que les he mantenido, y por ello, “siempre he de intentarlo, padre”.
Hoy, emulando a Góngora, deseo dejar constancia sobre un nuevo desafío que desde hace pocos días me llegó y asumí como un nuevo reto poético, soñando la semejanza y actuar sanamente, sin compararme con él pues sería imperdonable en cuanto a lograr un soneto como él lo logró en catorce versos, sino a referirme a mi obra escrita, comentándola en apenas treinta versos libres que me demandó gran esfuerzo...
Me estoy refiriendo al llamado para participar en “LA III ANTOLOGÍA DE POESÍA HISPANOAMERICANA CONTEMPORANEA”, que respondiendo al lema: “Y LO DEMÁS ES SILENCIO”, en un certamen cuyo lanzamiento se realizará el próximo 23/3/2019 en la SALA YORK, CAMBRIDGE SOHO CLUB, en Plaza España, 6 3ª planta – en Madrid, convocado por mi sello Editorial.
Y empecinadamente deseaba participar en él.
Y puse todo mi ser en actitud de respuesta, porque a mí los desafíos siempre me están convocando.
Así ha sido mi vivir, en el que me entrené con tesón, con sacrificios, oxigenándome siempre para poder responder con responsabilidad, intentándolo...
Y así fue, lo intenté una, dos, tres, cuatro..., hasta diez veces, con versos libres que fui formulando y tachando, pero la ilusión manteniendo, sin que las rimas ni la métrica me obsesionaran, mientras lo iba logrando, como es habitual en mí siempre luchando..., y “transpirando la gota gorda”.
Para nada fue sorpresa para mí, que Providencia llegara en mi auxilio con la generosidad de siempre, y al “dictarme” pudiera comprobar mi noble docilidad con ella, mientras registraba en mis renglones torcidos, ahuyentando presiones y dándole fuelle a mis ansiedades...
Yo soy predominantemente un ensayista, por años me entrené con mis relatos en prosa que fueron surgiendo como un torrente, con producciones hijas al fin de la mansedumbre aparente del lago de mi alma, que con sus vibraciones me llevan a registrar lo que yo siento por dentro, lo que en cada momento registro, interpelado por la realidad que constantemente observo, la que enardece mis rebeldías guiando mi obrar...
Y resuelto hice plasmé alianzas, pactando con la ficción, mezclando circunstancias, valiéndome de cuanto rechazo de este mundo que entre todos hemos hecho, para enaltecer al Amor, para cascotear al nefasto materialismo reinante, y para que resplandezca la espiritualidad...
Y así surgieron las novelas, como cascada imparable, como desahogos que me multiplicaban, calmando así los golpeteos insistentes de mi corazón.
Un tsunami ingobernable, una sed devoradora que controlar no pude, al no poder parar de escribir, llenó en más de cuarenta años, “el taller de mi alma” con vasta producción escrita, en sucesión imparable...
Yo no he de calificar mi obra escrita, no cometeré esa insensatez, sólo me atrevo a comentar que es mucha y en diversos estilos, posiblemente, por haber sido desde la temprana juventud un empecinado lector, creyendo que, al fin de cuentas, esa condición lectora pudiera llegar a otorgarle alguna legitimidad a mis intentos escritos...
Todo ha sido el resultado de sentir la urgente necesidad de hacerlo de ese modo y con pasión, como necesito el aire que respiro...
Ensayos, artículos misceláneos, novelas, reflexiones diversas, microrrelatos del alma, fueron asomando a la vida, publicados unos, y esperando turnos los más, y hasta a la poesía me acerqué a sabiendas que ese estilo no es mi fuerte sin tenerle miedo, siempre intentándolo, y de ese modo, también respondiendo a esa Antología y a otras que me han convocado...
Siempre sentí que, expresándome en prosa podía volar más alto al considerarme más apto, con mis alas fortalecidas como para ir al encuentro de horizontes nuevos y acceder a perspectivas que me permitieran resplandores que me impidieran tropezar en mi indetenible caminar…
Y en verso me parecía que levantar vuelo me apremiaba mucho más, no obstante, lo reitero, que siempre he de intentarlo, aunque tenga que multiplicar mis ruegos bajo el influjo de intuir de la Providencia, que un alivio me ofrecería...
Y vaya que lo he comprobado una vez más, con la llegada a mi vida del ángel que me ha mandado, en Alma, a la novia que encontré sin buscarla, luego la esposa y madre de mi hijo la que me sigue siempre, la que despierta ante mis mínimos suspiros, cómplice en todos mis intentos, que despeja mis sombras en los renglones torcidos de mis registros escritos, justo es destacarlo, al iluminarme por dentro…
La que frena mi torbellino interior, con una pausa, o un nuevo planteamiento que sugiere, para que yo pudiera darle respuesta al fin, al llamado: “Y lo demás es silencio”, sin que me acorralen las formas ni la brevedad, conocedora del tesón y la impaciencia que pongo en cada propósito nuevo...
Versiones fueron saliendo una, dos, tres, cuatro..., y hasta diez veces, que, en versos libres naciendo con las palpitaciones mías creciendo, pero teniendo a mi lado la “magia de una luciérnaga iridiscente” que con su resplandor le va agregando higiene expresiva a mis pobrezas, sabiendo que la pasión mía, nunca es silente..., porque con suma sensibilidad y los atributos de su magisterio docente y académico, apenas sugiere, siempre dispuesta con poesía a pulir mi prosa ardiente, al limar rústicas aristas mías aportando su sabia a mi tranquilidad...
Y así como siempre, soñando en mis noches sin sueño, pero pobladas de sueños, el intento fue adquiriendo forma y contenidos más adecuados, como premio a mi inclaudicable empeño...
Treinta versos completé sin nunca dejar de soñar, que al fin fueron seleccionados para participar en el certamen y ser publicados, y por ello, yo tengo una presión menos, y una esperanza más...
Nunca he buscado en mi vivir, ni lo haré jamás, notoriedad alguna, pasar desapercibido es uno de mis afanes, mi sencillez me lo indica, mi razón me lo ordena...
Tampoco iré detrás de aplausos ni reconocimientos, si llegan mi corazón agradecido tendré por ellos, pero en primer lugar reclamo el juicio de mi conciencia, los aplausos míos, que después de todo no tienen ningún mérito mayor que el dejarme en paz, al haber cumplido con mis propósitos, que es lo que me realiza, si lo intento, “y lo demás es silencio...”
Motivos me sobran siempre para vivir como vivo, para darme por Amor sin reservarme nada y que me lleva a dar gracias al despertar en cada aurora, dispuesto a remangarme para ofrecer mi ser con un resplandor que no me pertenece, pues soy apenas portador, medio, mensajero aplicado en una misión sagrada, que es llegar a nuestros semejantes a compartir lo que siento, con la certeza comprobada de ser, apenas un intento...
Sí, siempre lo intentaré, una, dos, tres..., y mil veces más si es preciso, porque soy un peón de brega que no pienso en mí, al haber desterrado “el yo” que tantas veces por lo general se presenta interesado y mezquino, para que dentro de mí “el nosotros” se reproduzca hacia nuestros semejantes del llano...
Góngora lo logró con catorce versos, concretando su inolvidable soneto.
Y a mí treinta versos libres me han costado tanto, en un batallar que al fin hizo posible este desafío.
Mi bandera flamea respondiendo a las brisas de la libertad, que deja entreabierto el portal hacia la dignidad al aproximarnos a un destino sin tiempo, en permanente presente, en el que ya ni las esperanzas son necesarias, en el infinito de la eternidad...
Sin ofender a los que no lo creen así, sostengo que llegaremos a él si lo conquistamos como destino final para los creyentes como máxima Verdad en la oquedad de Dios...
Viví la mayor parte de mi vida con un testimonio cercano, el de mi padre, que transcurrió su existencia no creyendo en Dios y hasta negándolo de palabra, por razones que llegué a comprender muchos años después, y que no vienen a cuento en este aporte, pero por sus testimonios concretos de vida, su modo de ser dándolo todo, me aseguran su llegada al cielo, mucho antes que muchos que se han pasado arrodillados en las iglesias, y al salir de ellas, no ofrecieron lo que proclamaban ni lo que ÉL les dio, quedando expuesto un cierto grado de falsedad, por la cual muchos se mienten para luego mentir…
Pero llegó mi tiempo, mi momento para merecerme el don de la fe, que inundó mi ser, transformándome de tal modo, que me ha hecho pensar tantas veces, ¿qué estarás meditando sobre mí, padre, que dejé a un lado cuanto me habías inculcado?
Al fin te comprendí, y te agradeceré siempre lo que has sido para mí, padre mío y es justamente, para honrarte, que “siempre he de intentarlo”, soñando que este mensaje llegue a ti por medio de los pajes que recorren el cielo, hasta la dimensión donde te encuentres...