Opinión

Sin pudor

TRIBUNA

Ángel Ramos | Martes 07 de diciembre de 2021

Inicié mi carrera en política hace varios años y desde el principio siempre me sorprendió la falta de pudor de la izquierda a la hora de predicar una cosa y hacer exactamente lo contrario.

No es algo nuevo y tampoco es algo circunscrito únicamente al Partido Socialista, hay miles de ejemplos que sería imposible enumerar aquí, pero sin duda, esta falta de pudor ha llegado a su máximo exponente con el Sr. Pedro Sánchez, alguien que ha demostrado que sería capaz de mentir hasta a su propio médico sin pestañear.

La lista de contradicciones y falsedades es inacabable: su falso doctorado, pasar de no poder dormir con un socio como Podemos a hacer vicepresidente del Gobierno al Sr. Iglesias unos pocos días después, informes en pandemia de un supuesto comité de expertos que nunca existió, indultos a los separatistas que quisieron – y quieren – romper España después de prometer por activa y por pasiva que nunca lo haría, prometer una y otra vez contener un precio de la luz que día tras día marca récord, negar y no querer ver la crisis económica que se avecina (lo mismo que en 2008 que éramos antipatriotas quienes avisábamos) y, así, un largo etcétera de mentiras y falsedades. En definitiva, un insulto constante a la inteligencia de los ciudadanos de nuestro país. Pero, aun así, lo más increíble es que nunca han ofrecido una sola explicación, una sola respuesta.

Aunque, sin duda, hay dos cuestiones que sobresalen por encima de las demás. Por un lado, sus acuerdos con Bildu, los herederos de ETA. Es vergonzante para los familiares de las víctimas ver cómo sus verdugos son quienes de una manera u otra dirigen este país con el beneplácito de un Gobierno cuyo único objetivo es mantenerse en el poder, cueste lo que cueste.

Me pregunto a menudo qué pensarán aquellos socialistas que lucharon en esos difíciles años por la libertad en el País Vasco y que vieron caer a sus compañeros; aquellos que vieron a sus familiares y amigos socialistas dar su vida por defender unos ideales; aquellos que, después de años sufriendo, hoy tienen que asistir al siniestro espectáculo de ver cómo sus asesinos son socios prioritarios de su propio partido en el Gobierno.

No me puedo imaginar su sentir, su dolor. Yo sería incapaz de permanecer en un partido que olvida a mis compañeros y se entrega a aquellos que los asesinaron. Es, simplemente, indignante.

Por último, hemos sabido estos días a través de la vicepresidenta Yolanda Díaz que el Gobierno conocía la situación de la pandemia varias semanas antes de tomar las primeras medidas contra el coronavirus, que se pudieron evitar muchas muertes y mucho dolor en nuestro país y que no se hizo simplemente por interés partidista. No sabemos cuántas muertes se hubieran podido evitar si no se hubiera actuado de una forma tan negligente, anteponiendo los intereses ideológicos a los intereses generales, anteponiendo actuaciones de interés político (como las manifestaciones del 8 M) a intereses sanitarios.

No sabemos cuántas, pero con haber evitado una sola muerte actuando con más eficacia, dejando a un lado sus prejuicios y poniendo en el centro de sus actuaciones la seguridad sanitaria de nuestros conciudadanos, sería suficiente. Solamente una. Pero, en cualquier caso, la realidad ya es motivo suficiente para que el Sr. Sánchez pida perdón y se vaya a su casa.

Es inaceptable que compatriotas nuestros hayan perdido su vida por la dejadez de funciones del Gobierno, una constante en esta cruel pandemia. Desde su retraso en tomar las primeras medidas hasta la aprobación de una Ley de Pandemias, que todavía no tenemos, dejando en manos de jueces y autonomías la toma de decisiones y medidas que corresponden al Consejo de Ministros. Hoy las autonomías siguen sin tener un marco legal para la imposición de restricciones y la instauración del Pasaporte COVID depende de la Justicia de cada una de ellas.

Sería una increíble sorpresa que, por una vez, solo por una vez, la izquierda demuestre un poco de pudor, un poco de dignidad y que pida perdón por todo el daño causado.