La Unión Europea ha creado una plataforma global para acceder a Asia Central por medio de una inversión infraestructural, la cual, además, va a servir de modelo para la relación con otras zonas a nivel mundial en donde haya lugar a llegar invirtiendo, pero la dimensión transcontinental le da un significado particular que afecta a la identidad de la organización.
Por esa elevada vía, que por definición está del ras hacia arriba, van a circular los factores de la producción aunque sea a diferente velocidad, pero eso es igual porque reflejaran como si fuera un espejo el mercado interior, reverso aunque sea en verso.
La comunicación infraestructural, una vez establecida, se produciría inevitablemente en doble vía: una, de la periferia al centro y otra viceversa, del centro a la periferia; lo que afectaría por definición a la dimensión total del aglomerado ¿Desde cuándo un lado invierte el centro sin que a la vez el global quede reconfigurado?
La relación, en todo caso, incluso en el contrario, se plantea por la Unión de igual a igual, lo cual también da igual si al final será o no tal, porque la inversión del orden interior traerá consigo el cambio a una nueva visión si cabe más real que global. Lo invertido queda divertido.
La Unión, cuyo marco geográfico no tiene sino una salida peninsular, tirará inevitablemente hacia adelante por ese estrecho lugar, lo que supone que la disolución como solución se llevará a cabo por inflexión de lo específico respecto de lo general, como es lo normal. No obstante, lo paradójico de la situación es la integración de una organización, basada a su vez en la integración, o sea la reintegración por inversión, que ya es curiosidad y repetición.
Que sea condicionada la asociación para alcanzar la globalidad y que resulte de una doble vía comunicativa, en definitiva también es igual, porque con la plataforma transcontinental infraestructural no solo habrá transmisión material sino sobre todo del soporte inmaterial.
La política de conectividad que la Unión quiere ahora desarrollar está basada en sus valores, los cuales da por supuesto que, aunque políticos y coyunturales, se comprenden como los comprende ella igual en todos los lugares en donde, asociativa e inversamente, los van a adoptar sin más por fenomenales que les puedan sonar. Ahora bien, eso se producirá a la vez que extenderá sus estándares normativos para aventajar con ello a sus principales rivales en la inversión aunque solo sea en la regulación, que es una característica de identidad de la organización.
La plataforma hará de esa vasta zona asiática un vasto mercado que pese a no estar vastamente poblada presenta, sin embargo, un vasto potencial de recursos minerales, lo cual no es lo mismo que adoptar una perspectiva condicional que resultará aceptable o no, eso dependerá y lo habrá a posteriori que comprobar. La cuestión está en cómo encajarlo en la reciprocidad, como no sea a base de invertir sin contar con la efectividad.
Uno se puede detener a meditar sobre cualquier condición de su misma organización, el ensimismamiento es una vía de conocimiento por desentendimiento exterior, pero una vez invertido uno lo ve todo mejor, como haría con un cuadro un buen pintor. No obstante, ese estado parado está a la vez elevado, como subido en un estrado y aunque le cueste al ser el ser desprendido, tras ese esfuerzo inmerecido se encontrará, sorprendido, con que el Gran Juego ya estaba desde mucho establecido, de forma tal que el hueco vial infraestructural invertido se llenará, fatal y cabal, desde un punto de vista histórico ya visto.