La Justicia suiza está considerada entre las más rigurosas, serias y prestigiosas de Europa. El fiscal Bertossa se ha ganado una indiscutida reputación por su conocimiento jurídico y la independencia e implacabilidad de sus actuaciones. Tras un dilatado tiempo de investigación, más de tres años, el fiscal suizo ha exonerado de cualquier cargo de comisiones ilegales o de blanqueo de capitales al Rey padre Juan Carlos I.
La descarnada campaña contra él desencadenada por los enemigos de la Transición, partidarios de un sistema de tipo castrista o venezolano, ha sido especialmente despiadada. Se ha atacado con bulos, insidias, mentiras y calumnias al hombre que tuvo todos los poderes y a todos renunció para establecer en España la democracia pluralista plena a la que después defendió con gravísimo riesgo personal contra los militares sublevados el 23-F de 1981. Don Juan Carlos ha sido uno de los cuatro grandes reyes de la Historia de España junto a Carlos I, Felipe II y Carlos III.
¿Y ahora que, Dolores Delgado? La inicua y absurda persecución a la que ha sometido a Juan Carlos I debe concluir de forma inmediata. El Rey padre podría querellarse contra un centenar de tertulianos de televisión y radio que le han calumniado de forma frenética. No lo hará porque, como su padre el inolvidado Don Juan III, siempre ha querido ser -y ha sido- el Rey de todos. Pero eso no quita para que se le deba una reparación y que cesen los desaforados ataques que, en el fondo, no iban contra él sino contra su hijo Felipe VI, porque el objetivo de comunistas, podemitas, separatistas y bilduetarras no era ni es el Rey padre sino liquidar el eje de la Transición que es nuestra Monarquía parlamentaria similar a la noruega o a la danesa.
No soy tan ingenuo como para creer que los calumniadores y difamadores rectificarán y pedirán disculpas. Por el contrario, seguirán sembrando insidias contra el hombre gracias al cual disfrutan de la más completa libertad de expresión.