El presidente del Gobierno anunció de forma solemne y reiterada el pasado mes de julio, cuando comenzó la escalada del precio de la luz, que al concluir el año presente 2021, el recibo habría regresado a niveles del año 2018 y que nadie pagaría más por la energía eléctrica que lo que pagó ese año.
Con el voluntarismo que caracteriza a la condición humana, hubo muchos ciudadanos que se creyeron la afirmación del presidente del Gobierno, sin tener en cuenta los engaños y mentiras que han formado parte de su estrategia política y que constituyen la esencia de su actividad.
No puedo aportar cifras precisas, pero a la vista de lo que ha ocurrido en los pasados seis meses y de las últimas alzas hasta precios máximos, parece claro que las promesas de Pedro Sánchez se quedarán una vez más en agua de borrajas. Estamos ante el mismo presidente que en septiembre de 2019 proclamó urbi et orbi desde las pantallas de televisión que ni él ni la ciudadanía podrían conciliar el sueño con la presencia de Podemos en el Gobierno. Unas semanas después, los podemitas y sus socios comunistas se instalaron en una vicepresidencia del Gobierno y en cinco ministerios.
El precio de la luz atosiga de tal forma al ciudadano medio que no se trata de una mentira más del sanchismo gobernante sino de algo que está provocando indignada reacción del pueblo español. Con las cosas de comer no se juega. La energía eléctrica es clave para la vida del hogar, para la calefacción, el aire acondicionado, el horno, las placas y los numerosos aparatos que inevitablemente hay que enchufar para mantener el orden de la vida.
Cada vez que la luz sube, la credibilidad de Pedro Sánchez baja, ha dicho Pablo Casado y no parece probable que en las dos semanas que quedan para concluir el año se produzca el milagro del derrumbamiento de las tarifas eléctricas