Opinión

Alien versus Drácula

Reyes de Gregorio | Viernes 01 de febrero de 2008
Para una mujer sensible, nada hay más erótico y seductor que un buen monstruo. Un buen monstruo es mucho más deseable que unos músculos cargados de anabolizantes, puro plástico de madelman untado con aceite. Así que entiendo a la perfección que Bella se enamorara perdidamente de Bestia.


Los monstruos actuales, sin embargo, o sea, los que vienen del espacio o del futuro, no me dicen nada en absoluto. Aplaudo que la teniente Ripley terminase machacando a Alien y Terminator mismo me deja a cero grados.


En esto de lo sobrenatural tengo unos gustos de lo más naturales, es decir muy clásicos: Drácula sigue siendo mi fantasía preferida, mi seductor más fiel. La lectura de Frankenstein de Mary Shelley me atrapó desde el primer capítulo y la película de Kenneth Branagh también me gustó muchísimo, pero me sigo quedando con el Drácula aristócrata de Stoker y de Coppola. Para amante presumo que a Frankenstein le sobran cicatrices, pelo al hombre-lobo y unas cuantas vendas a la momia. El conde Drácula es con mucho el más voluptuoso y delicado.


En cuanto a las vampiras, sin despreciar por eso a la Mujer pantera o a Catwoman, tan felizmente felinas, ninguna como Clarimonde, la voluptuosa protagonista de “La muerta enamorada” de Théophile Gautier, tan tentadora y atrayente. Para calmar sus ansias de sangre no necesita unos colmillos que afeen su bonita sonrisa, le basta una delicada aguja de oro. A mí me parece de lo más normal que enamorara a Romualdo y que el joven sacerdote le dijera: “Bebe, y que mi amor se infiltre en tu cuerpo”.


Aunque para historias en verdad extraordinarias, fantásticas y sobrenaturales, de las de corazón en la boca y el alma en nuestra piel a un solo roce, nada como las del amor real y verdadero, las más raras. ¿O no?

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