Opinión

No puedo, ni lo debo silenciar

TRIBUNA

Freddy Darino | Domingo 19 de diciembre de 2021

Este no es el mundo en el que yo viví.

Más allá de que el de mi ayer tuvo sus escenarios marchitos (porque el hombre es y ha sido prisionero de los demonios en todo tiempo y lugar, cuando les da rienda suelta a sus flaquezas), este presente del acontecer me resulta más hostil, más contagiado de endemias y pandemias, con notorios y salvajes materialismos, que cada vez más le van ganando la partida a la espiritualidad…

La soberbia de los más poderosos, de aquellos que han logrado acumular más riquezas, han montado el altar impertinente desde el cual hasta pretenden indicarnos cómo educar a nuestros hijos, y llegar al colmo de digitar nuestros destinos…, ofendiendo nuestra dignidad…

Pero yo no tuerzo mi rumbo, mi dignidad no está en venta (no lo estuvo nunca) esperando la oferta del mejor postor.

Jamás acepté que me embriagaran ni el dinero, ni el poder, ni la falsedad de figuración, porque nunca pudieron confundirme estos demonios, ¡y vaya que lo han intentado conmigo, quienes tuvieron la intención y el tupé de pretender humillarme, y se encontraron con el muro infranqueable de mi sencilla humildad encarnada en mis convicciones!

Esas notas negras en el pentagrama de mi vivir, jamás pudieron apartarme de las trincheras desde las que he luchado sin desfallecer, ocupando vanguardias sin que las retaguardias jamás nunca me hayan convocado…

En el discurrir de mi larga existencia, he dejado testimonios de ello en el acontecer cotidiano de mi caminar, y en la vastedad de los registros escritos en los que se me ha permitido formar parte, y no justamente como principal actor u autor, dado que siempre, siempre, he tenido meridianamente clara la convicción de que La Providencia ha guiado mi brújula por los senderos del Amor.

Y cuando sostengo y reitero ese siempre de mis certezas, es porque así ha sido en la mayor parte de mi vida en la que viví negando (pero sólo de palabra) a la Causalidad rectora del Amor, en la vida de todos, sí, de todos, porque el hombre no nació con el mal enraizado en su corazón, sino que por su fragilidad se dejó seducir con artimañas para ingresar en las derivas que enfermaron a la humanidad…, hiriendo valores que luego se acentuaron en mí, desde el mismo momento en que mi conversión le abrió el portal a la FE que se anidó en todo mi ser…

Y esta certeza la expreso pensando permanentemente en creyentes y no creyentes, con la prudencia de sostener que los creyentes no tenemos el patrimonio exclusivo de la Verdad, que no nos otorga derechos superiores, dado que siempre se deben respetar las ideas de nuestros semejantes, puesto que proceden de su libre albedrío, aunque no se asemejen a las nuestras…

Y cuando veo que esas sombras arrojan sus tinieblas sobre nuestros hijos y nietos, envileciendo, hipotecando, arriesgando su presente y sus mañanas con sus fatalismos, las debo enfrentar de las formas más diversas a mi alcance y por ello es que “no puedo ni lo debo silenciar”.

Al forjarme constantemente en la fragua inextinguible del Amor, golpe a golpe, paso a paso, expuesto a las intemperies a cielo abierto en las aulas de la Universidad de la Vida, que son los espacios donde más se aprende, se me ha ido formando una coraza protectora tan dura como el diamante, a la que no pueden penetrar los dardos envenenados del demonio y tantas veces me han llevado a pensar y a registrar, “que a mí no me entran ya ni las balas, incluso las que me puedan disparar a traición, porque mi caminar no se manifiesta en soledad, dado que voy detrás de un Protector que todo lo hace por Amor, sin exigirnos nada, sólo sugiriendo y perdonando siempre a quienes somos sus hijos”.

Pero, ¿qué pasa con los que vienen detrás?

¿Qué pasa con este presente repleto de trampas y argucias que los envuelven en falsos jolgorios y con las mentiras que les mienten?

¿A qué martirios se exponen con la falsedad que emana de la inmediatez del “ya” cuando caen prisioneros, por ejemplo, del fatalismo de “probar que no pasa nada”?

Ignoran que ese es el punto crítico en el que empiezan a caer en el tobogán de las decadencias, enajenadas sus mentes por parte de aquellos ya endemoniados que saben bien que les llegará el momento en que no podrán dejar de probar las sustancias que les envenenarán sus vidas, y a partir de allí harán con ellos cualquier cosa, puesto que ya son víctimas hipnotizadas al servicio del dinero, del poder, del placer, del desenfreno incontrolable, del materialismo salvaje, de la ambición desmedida y de la maldad que los irá arruinando con sus dosis cotidianas por las que irán muriendo poco a poco.

Lamentablemente, ya casi no habrá futuro para esos seres que caen en las redes y en las trampas montadas a su paso endeble y sin huellas, no respetando ni a padres, ni a amigos, ni a nadie que sufra por ellos, porque sólo responderán a los perversos intentos que les han introducido…

Cuando se llega tan lejos, salvo casos excepcionales, resulta imposible volver a los vientres del Amor porque siempre termina subestimándolos la maldad de quienes viven montando falsos altares para propalar sus mentiras y manipular voluntades en pro de sus propios beneficios y de conservar sus parcelas de poder.

¿Y qué pasa con quienes pretenden conquistarnos con engaños y falsas promesas, con posturas totalitarias y ofensivas con tal de mantener sus espacios de poder conquistados con pactos ocultos sin la voluntad expresa de sus votantes?

¿Y qué pasa con quienes han ofendido con su incomprensible proceder, los preceptos constitucionales, la imprescindible Separación de Poderes, y se han burlado de las sentencias de los Tribunales de Justicia, ignorando límites, así como los derechos irrenunciables de sus semejantes, y obstaculizando escenarios de concordia, paz, prosperidad, ¿como si todo se pudiera “comprar” con la perversidad humillante del “tener y el poder”?

En lo personal, reitero, no me trago ninguna golosina que perturbe mi Camino, la búsqueda de la Verdad, en la Verdadera Vida…

Es por eso que, “no puedo ni lo debo silenciar”.

Resultan intolerables tantas barbaridades que nos rodean, que atentan contra la libertad y la dignidad que por derecho natural nos corresponden, porque no se nos ha regalado la maravilla de la vida para padecer y apenas sobrevivir…

Vienen a mi mente, palabras pronunciadas por nuestro Prócer en la lucha libertadora de la patria que nos vio nacer proclamando y extendiendo su ideario y su grandeza inmortalizadas también en nuestro Himno Nacional: “Orientales la patria o la tumba, libertad o con gloria morir. Este grito a la patria, salvó. Que a sus bravos en fieras batallas, su entusiasmo sublime inflamó. De este don sacrosanto, la gloria merecimos. ¡Tiranos temblad, Tiranos temblad!”

Y en otra oportunidad, sentenció: ”No venderé el rico patrimonio de los orientales, al vil precio de la necesidad”.

¿Cómo poder soportar entonces, con esos antecedentes en nuestras entrañas, las ideas trasnochadas de quienes han vendido sus almas con cálculos previos en los pactos de conveniencia, las soberbias indignantes de quienes propugnan un nuevo orden mundial pensando más en ellos que en los respectivos pueblos, las propuestas indignantes que emergen de las redes sociales, el desprecio al verdadero sentido de la vida, soslayando lo esencial, que hemos recibido de ese ayer repleto de humanidad y grandeza?

Quienes venimos de ese otro tiempo señalado, y sabemos también hacia dónde vamos, esperanzados en conquistar el destino de nuestros sueños, no podemos conformarnos con las falacias de lo virtual que llenan las mentes con sensaciones desplazando al hombre de su protagonismo esencial, no podemos ni debemos silenciarnos, para no ser cómplices ni cobardes segundones frente a las afrentas de quienes nos ignoran, pero bien que nos necesitan para incrementar sus poderes y fortunas, aunque dejen por el camino un tendal de lamentos, de quienes ya no tienen más lágrimas para llorar, y en ciega desesperación, integran las diásporas infamantes abandonando sus tierras y lanzándose a los mares buscando un mínimo resplandor para sus vidas, a sabiendas de que pueden perecer en ese intento y quedar a merced de los tiburones…

Ese no es el camino ni el destino de quienes nos aferramos al Evangelio del Amor, certeza que tampoco estamos dispuestos a silenciar…