Carezco de elementos científicos de juicio para saber si el uso de las mascarillas en exteriores beneficia o no, perjudica o no. A pesar de la duda, es necesario acatar lo que ha decidido la autoridad.
El problema, sin embargo, no está ahí. Francisco Marhuenda, en un certero artículo en La Razón, lo ha resumido así: “El único objetivo es dar la impresión de que se actúa, cuando realmente se llega tarde y mal”. Pedro Sánchez pretende no arrastrar el desgaste político que la Covid supone. Por eso se ha inventado la fórmula dudosamente constitucional de la cogobernanza. Pretende diluir su responsabilidad como presidente del Gobierno de España enredándose entre la madeja de los diecisiete presidentes autonómicos. Por eso, cuando la sexta ola se ha convertido en una acosadora realidad, Sánchez llega tarde y mal. Y lo hace envuelto en el manto autonómico, lo que supone un error porque lo que el pueblo español necesita y exige es una política común. La ciudadanía se tropieza con diecisiete fórmulas distintas con discrepancias insalvables como, por ejemplo, las que existen entre las medidas adoptadas en Cataluña y las que Isabel Díaz Ayuso ha establecido para Madrid.
Es cierto que la vacuna ha funcionado con eficacia en una proporción considerablemente alta y que supone, por ahora, la única certeza que tenemos en el combate contra la Covid que, cada día, se va pareciendo más a una gripe, con consecuencias dramáticas en ocasiones y que, según algunos científicos, habrá que combatir en el futuro con vacunación anual.
En todo caso, falta en España una acción común contra la pandemia. De ahí la razón que acompaña a Pablo Casado cuando propugna una ley de pandemias. Pedro Sánchez no le hace caso. No quiere complicaciones. Cree que el partido lo va a ganar echando balones fuera.