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José María Ullrich: La estabilidad en Paquistán, amenazada por una incursión de EEUU

análisis

Sábado 20 de septiembre de 2008
Esta autorización tiene lugar en el momento en que un nuevo presidente civil Asif Zardari, viudo de Benazir Bhutto, inicia su andadura en Islamabad. Un nuevo presidente con dificultades de credibilidad en el país. Su gran capacidad política es escasamente conocida por la opinión, lo que debilita su legitimidad democrática. Su título de viudo de Benazir Bhutto le rodea actualmente de cierta inmunidad y le concede un prestigio derivado de aquel «monstruo político» que fue Benazir, pero requiere cierto tiempo para que sus innegables dotes de inteligencia y su fuerte personalidad, unida a su habilidad política, lleguen hasta la opinión pública. Tiene que superar las reticencias de una profunda campana de denigración fomentada por los opositores a la dinastía Bhutto para alcanzarla a través de su relación familiar con Zardari, hoy presidente electo por una amplia mayoría parlamentaria pero no por sufragio universal.

Es evidente que este nuevo presidente político necesita contar con el apoyo de unas Fuerzas Armadas que se retiran de la acción política pero sin olvidar que militarmente están y siguen soportando desde hace años una actividad bélica impuesta por los Estados Unidos en su guerra contra el terrorismo. Acciones bélicas que han causado más de mil muertos en el ejército de Paquistán, que es acogido en esas zonas tribales por su población como un verdadero invasor, dada la total autonomía administrativa que le concede la Constitución.

Ha sido siempre en la Historia una tentación constante de las fuerzas armadas penetrar, por no decir violar, las regiones extranjeras inmediatas a zonas de conflicto, realizando así una escalada que implique a esos santuarios en el conflicto mismo. Por ejemplo, el propio Ejercito francés no resistió la tentación en su guerra de Argelia de penetrar en territorio tunecino, lo que tuvo consecuencias totalmente negativas para la causa que defendía de la Argelia francesa.

El jefe de las Fuerzas paquistaníes y el primer ministro han reaccionado con firmeza ante estas incursiones norteamericanas. El presidente, que ha matizado su denuncia, abordará el tema del respeto de las fronteras del país en sus próximas conversaciones en Londres y Nueva York. Su margen de maniobra es estrecho.

De una parte requiere el pleno apoyo de Washington para su presidencia, pero de otra su cierta tendencia pro norteamericana derivada de su indudable conocimiento de las realidades internacionales, no puede desconocer el profundo antiamericanismo de la opinión paquistanesa. Para la mayoría de esta opinión, Washington, desde la guerra fría y la ocupación soviética de Afganistán, ha utilizado a Paquistán para cumplir sus propios objetivos mundiales sin considerar los intereses nacionales del país. El acuerdo nuclear con India refuerza esa impresión de que Washington ignora los intereses de su aliado. La actual intervención occidental en Afganistán, mal interpretada por la opinión, se considera también por muchos sectores de Paquistán como un factor favorable a los intereses de India, al contrariar el principio fundamental en que se basa la estrategia militar de Paquistán: la consideración de Afganistán como la profunda seguridad estratégica del país en su continuo enfrentamiento con India sobre Cachemira.

En cualquier caso, esta escalada bélica en zonas tan complicadas como las tribales de Paquistán viene a complicar la situación en la región y debilita la estabilidad política en Islamabad tan necesaria para los intereses occidentales. Todo aconseja evitar un nuevo y dramático error occidental en tan peligrosa y compleja zona del mundo. Aún es tiempo.

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