Es de suponer que los sondeos en Ferraz y Moncloa se venden victoriosos, pero se acompañan siempre con un asterisco que, en letra pequeña y a pie de página, avisan de que el éxito de Pedro Sánchez depende en toda medida de la gestión que el PP de Pablo Casado haga de sus valores en alza dentro del partido y de las relaciones que mantenga con sus socios naturales de VOX.
Las encuestas que sí dicen cosas y que sí muestran una foto del momento más cercana a la realidad, siempre dentro de la dificultad que esta materia encarna, apuntan que el PSOE se descalabra, que nadie se cree a Pedro Sánchez y que pierde apoyos a medida que se acercan las próximas elecciones. Yo puedo decir lo que se me ocurra en función de unos criterios que son los míos y usted puede pensar que tengo razón o no, pero la sociología de los estudios demoscópicos es ciencia, es matemáticas.
Por eso, si GAD3 en ABC dice que cerca de 4 de cada 10 votantes del PSOE (ojo, socialistas convencidos) rechaza y se opone a las líneas maestras de la política de Sánchez, o están convencidos de que la reforma laboral no generará empleo se pueden ustedes imaginar lo que opinan los que no le votan. Si, en el mismo orden de cosas, el 90% de los que ya han depositado su voto en una urna con el nombre del hoy presidente no se cree sus promesas con la factura de la luz o el 50% opina que el castellano, efectivamente, está discriminado en Cataluña y hasta el 35% de unos votantes que se consideran progresistas ven claramente sectario el indulto parcial a Juan Rivas, el equipo del jefe del Ejecutivo tiene mucho trabajo por delante para intentar revertir ese sentimiento entre su propio electorado.
Del mismo modo, si más recientemente, otra de las grandes, Sigma Dos, apunta que los socios del Gobierno de coalición, PSOE y Unidas Podemos, se quedan muy lejos, incluso con el apoyo de todos los grupos de la oposición, de la mayoría, las alarmas deben estar ya quemadas de tanto sonar en los despachos de las cabezas pensantes encargadas de que Sánchez repita en Moncloa. Cada uno podrá dar la importancia que considere a las encuestas porque realmente son la foto de un momento. El problema se enquista cuando las fotos en el tiempo muestran una tendencia y esta no es favorable. Porque si el estudio de intención de voto para El Mundo señala que los datos son muy malos cuando, además, el principal rival no está en su mejor momento, es que algo estás haciendo muy mal.
Mentir e incumplir promesas (si es que no es lo mismo) le ha funcionado a Sánchez a corto plazo, pero a medio y largo sabemos que se va a quedar sin poder subirse hasta 54 veces en el Súper Puma y el Falcon en un mes para ir a actos del PSOE, cosa que, ya lo saben, está fea porque no se pueden utilizar los recursos del Gobierno, que los pagamos todos, para mítines de su partido. Por eso, prepárense para una ofensiva en los próximos meses con pagas-ofrenda, bonos-regalo, subvenciones-agasajo y, como dice el jefe, dádivas varias.
Las encuestas no siempre tienen la razón, pero se acercan bastante por lo que intentarán nublar el criterio, comprar nuestras voluntades, hacernos caer en la tentación sugerente del subsidio fácil, pero al final, como siempre, usted decide.