Opinión

Lo que les trajeron los Reyes Magos

ESCRITO AL RASO

David Felipe Arranz | Lunes 10 de enero de 2022

Que los Reyes Magos traen carbón a los niños (y mayores) que se han portado mal durante el año es algo bien sabido: a pesar de que SS.MM. del Lejano Oriente traspasan la frontera que separa la razón de la de la imaginación y de que los mayores olvidan frecuentemente este hecho controvertido e incontrovertible, alguna gente política en España se sigue portando mal, metiendo la mano en la caja y amasando fortunas con la sisa de las sacratísimas arcas públicas. En este arranque de 2022 los camellos tuvieron que ser más grandes y fuertes que otros años y fueron necesarios caballos de tiro para traer hasta España la hulla y el lignito más negro para unos cuantos que dejaron tras de sí una estela de prevaricaciones, fraudes, cohechos y delitos varios contra la Hacienda Pública.

A pesar de que Melchor, Gaspar y Baltasar dejaron el combustible fósil en los zapatos del comisario José Manuel Villarejo en forma de gran juicio –la Fiscalía solicita para él casi 110 años de cárcel–, la corrupción policial y sus tentáculos en las instituciones del Estado, que llegan hasta allí donde precisamente jamás deberían llegar –Ministerio del Interior–, no parecen tener fin cara al Año Nuevo: el veterano policía quiere comprometer el porvenir de muchos que contrataron sus servicios y que tiemblan cada vez que abre la boca delante del juez Manuel García-Castellón. Los policías son la mitología de las gentes, pero Villarejo causa miedo y espanto desde los más pequeños a los presidentes del Ibex 35: capaz de colar un micrófono en el mismísimo pesebre de Belén, su currículum de fechorías que parecen multiplicarse por sí mismas y se deja fotografiar abrazado a sus carpetas, por cuyas rendijas deja escapar a cuentagotas la España putrefacta y parapolicial.

Los monarcas evangélicos también obsequiaron con unos negruzcos pedruscos al PP bajo la especie del tercer juicio del caso Gürtel, la red societaria de varias empresas creada a través de donaciones a cambio de contrataciones públicas. La financiación bastarda se hizo costumbre en la era de don Mariano Rajoy y el reparto de dividendos espurios circuló por los altos despachos con plenitud de azules y gaviotas, como si lo que pasaba en Boadilla del Monte fuese cosa de otra dimensión, tal y como ha sucedido con la trama de Época I y la caja B. Los diecisiete acusados que se sientan en el banquillo a cantar la Traviata cara a enero hacen ya muy difícil la providencial “desmemoria” de sus dirigentes: los jueces de la Audiencia Nacional buscan una macrosala porque ya no caben en un salón al uso. Si Rajoy era partidario de la disolución de las cosas en el tiempo, Casado no tiene tiempo para hablar de las cosas que cree disueltas, que lo persiguen pertinaces a caballo de aquellos años gloriosos de la rapiña, pues nadie le había enseñado al palentino a lidiar con las causas de sus valedores, confiados todos como estaban de que se iban a ir diluyendo en el tiempo y en el espacio, como la propia sede de Génova, que apunta ya a caserón de las sombras ante un inminente traslado de los populares al Paseo de la Castellana 39.

Abundantes toneladas del oscuro mineral recibió el exalcalde de Majadahonda, Guillermo Ortega, colocado a dedo por Esperanza Aguirre al frente de la empresa pública Mercado Puerta de Toledo, lavadero y lavadora de más de un millón de euros destinados a financiar campañas electorales. La expresidenta madrileña comprendió la belleza de la política como una estela de subalternos de moral soluble y tenue: para desempeñarla se apoyó en “niñatos” y “chiquilicuatres”, como a ella le gusta decir, que la engañaron y traicionaron –insiste ella– y a los que la justicia rebautizó después como “púnicos” y “lezos”. Por Valencia se dejaron caer también los regios emisarios de Oriente a depositar ascuas y rescoldos por el caso Erial sobre el pago de sobornos por la adjudicación de las ITV de la Comunidad Valenciana, el caso Taula por el pago de campañas electorales a los conservadores a través de la empresa Thematica Eventes y el caso Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón, y los doce préstamos personales a cambio de favores. En las noches blancas y sigilosas de Levante, el Mediterráneo ha sido testigo de las maniobras fraudulentas que han ido escribiendo la genealogía de la familia, de Zaplana a Fabra: el Mare Nostrum allí blanqueaba capital.

Por Sevilla los sirvientes perfileños de Sus Majestades empujaron el carbón hacia las secciones penales, que no dan abasto con los ERE y la media docena de los procesos cuya vista se celebrará a lo largo del año y cuyo asunto y protagonistas parecen cosa de leyenda, fantasía y literatura: el juicio de la sociedad de capital riesgo Invercaria por las ayudas concedidas a la textil Lolita Canalla; al ex alcalde socialista del pueblo sevillano de Cazalla de la Sierra Ángel Rodríguez de la Borbolla en relación con unas ayudicas de más de 8 millones de euros a las empresas del corcho, que flota y no se hunde, como bien se sabe; y de otros caudales públicos malversados que fueron a parar a empresas de amigachos, y demás fondos reptilianos que se irán conociendo.

Dicen en su descargo los niños malos que estas causas abiertas son una maquinación insidiosa de los medios. Así que ya vinieron los Reyes Magos, extenuados y cargaditos de carbón. Los pajes, que tras cruzar ciudades y aldeas dejaron huella negra de sus botines con herretes por playas y alfombras de sedes e instituciones públicas, se quejaron por el esfuerzo y el volumen de la entrega, y los sindicatos de criados, palafrenes y servidores ya temen el reparto del 6 de enero de 2023 en España. Y con razón.