Opinión

Garzón: culpa de Sánchez y un problema para los españoles

Y DIGO YO

Javier Cámara | Martes 11 de enero de 2022
La culpa de todo lo que está sucediendo con el ministro de Consumo Alberto Garzón a cuenta de sus declaraciones en contra del sector cárnico español, y como lo fue antes con la pueril huelga de juguetes, la campaña “el azúcar mata” (todo “mata” en exceso, ¿no?) o el insulto al sector turístico en España cuando lo calificó de “estacional, precario y de bajo valor añadido”, no puede ser de otro que del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Él lo puso ahí.

Siempre he defendido que el máximo mandatario de un país no puede ser responsable de que, por ejemplo, el director general de la Guardia Civil sea un corrupto redomado y se escape del país con millones de pesetas, como ya pasó y como recordarán perfectamente. Opino que Felipe González ni siquiera tenía la culpa bajo el precepto de esa figura ‘in vigilando’ que popularizó la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. El presidente socialista no nombraba esos cargos. Se puede entender que no llega a todo y que la gestión de un Gobierno es muy amplia e inabordable para una sola persona. El jefe de un Ejecutivo no puede estar en la designación de cientos de cargos intermedios. Parece lógico.

Sin embargo, sí hacía autocrítica Aguirre cuando comprobó que proliferaban las corruptelas entre sus principales colaboradores, los más cercanos, con los que despachaba a diario. Sucede que, como en el caso de la ex lideresa madrileña, Pedro Sánchez sí tiene esta responsabilidad con las personas que conforman algo tan directo y cercano como es su Consejo de Ministros. No es un director general, es un ministro. Claro que se puede recriminar al presidente del Gobierno que estos altos funcionarios por él fijados sean personas que no velan por el interés del país que representan.

Es cierto que las especiales circunstancias en las que se formó este Ejecutivo, con una coalición y obligado a aceptar la cuota de carteras con miembros de otros partidos, marca una diferencia. Pero aun así, el también secretario general del PSOE sigue siendo administrador de la calidad del equipo con el que ha de guiar los designios de la nación.

Mucho se ha hablado y escrito ya al respecto de “la calidad” de los ministros, sobre la cualificación de algunos de ellos para el cargo que se les encomienda y siempre se saca en conclusión que, desgraciadamente, prevalecen los intereses partidistas y la ideología a la elección del candidato idóneo por su preparación y conocimiento del que será su cometido.

Si Alberto Garzón está donde está es por culpa de Pedro Sánchez y no sirve justificarse en que lo eligió Pablo Iglesias cuando tuvo que definir la cuota ministerial de Unidas Podemos. “Te cedo las carteras, pero busca ministros capaces, no me metas aquí a parejas sentimentales o amiguetes por devolver un favor o compromiso”, debería haberle dicho el llamado a liderar la coalición a la postre presidente del Gobierno.

Si el ministro de Consumo habla y opina sobre una cuestión para la que ya hay un ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación y lo hace con un enfoque que atañe también a una ministra de Transición Ecológica es que hay algo mal organizado o mal explicado y los que se sientan en la mesa del Consejo de Ministros no saben qué tienen que hacer y hasta dónde llegan sus competencias. Lógicamente, esto sí tiene un responsable.

El problema, ya lo saben ustedes, es que si Pedro Sánchez no se traga el sapo de meter en su Ejecutivo a personal que no está preparado para ejercer el cargo en determinados ministerios, no es presidente del Gobierno. Y ese es también el problema de todos los españoles.

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