Australia es una monarquía parlamentaria encabezada por la Reina Isabel II. Nadie discute la calidad de su democracia. Los australianos viven en un Estado de Derecho y gozan de las libertades públicas sin restricción. Allí la ley es ley para todos y el Gobierno y los jueces australianos acaban de dar un ejemplo al mundo de cómo funciona y debe funcionar la democracia pluralista.
Nadie pone en duda la calidad tenística del jugador serbio Nole Djokovic, indiscutible número uno del mundo en la actualidad. Pero ni el serbio ni sus familiares ni sus colaboradores ni sus abogados se han dado cuenta de que no podían arañar a una democracia auténtica. Que Australia no es un país del tercer mundo. Por el contrario, se encuentra en la vanguardia política, económica y tecnológica y así se demostró en los últimos Juegos Olímpicos allí celebrados.
La nación australiana cuenta con un tenis deslumbrante y con el mejor jugador mundial de todos los tiempos: Rod Laver. Ganó los cuatro grandes slam en el año 1962. Pasó luego al profesionalismo. Regresó en 1969 para volver a ganar los cuatro grandes en un solo año. Nadie ha superado ni igualado la hazaña. Las comparaciones son odiosas y más en un deporte con las desigualdades de todo tipo que han zarandeado el tenis. Manolo Santana, por ejemplo, no ganó el slam australiano porque no tenía dinero para desplazarse hasta el lejano país. Cuando jugó en Australia, con motivo de la Copa Davis, venció al número uno australiano de la época, Emerson.
Roger Federer y Rafa Nadal, también Djokovic, encabezan, tras Laver, el tenis mundial. Son dos deportistas sencillos, sinceros que hacen siempre juego limpio y que se han ganado la admiración y el afecto de los púbicos del mundo entero. Todos saben que Djokovic, que es un tenista deslumbrante, resulta en el trato personal y social bastante insufrible por su presunción y su vanidad. Ha creído que por ser él quién es podía llegar a Australia, violentar sus leyes y disposiciones, y mentir de forma lamentable. Se ha equivocado. Australia es un Estado de Derecho y ha colocado al tramposo de patitas en la calle con el aplauso de todos los deportistas serios.