Opinión

Gestación subrogada

TRIBUNA

José María Méndez | Martes 18 de enero de 2022

El punto clave es saber si en el cigoto recién fecundado están presentes o ausentes los operadores lógicos, los que permiten el pensamiento y su trasmisión mediante el lenguaje. Persona es el ente que posee los operadores lógicos. Si éstos están presentes, el cigoto es ya una persona humana.

Hay un argumento positivo para reconocer a la persona. A los aproximadamente diez meses del nacimiento la laringe se coloca en su sitio exacto y el niño pronuncia sus primeras palabras. A partir de ese momento está claro que es persona. Pero ¿estaban presentes en él los operadores lógicos antes de que hablase? No hay argumento negativo para inferir que no es persona, porque no habla. Si lo hubiera, concluiríamos que alguien que duerme no es persona, porque tampoco habla. En resumen, si habla, hay prueba de que es persona. Pero si no habla, no hay prueba de que no es persona.

Como nadie sabe a ciencia cierta si un embrión humano -o un niño nacido pero que aún no habla- es o no persona, “en la duda hay que abstenerse de actuar sobre la posible persona como si estuviésemos seguros de que es una cosa”. Si en la niebla nos parece vislumbrar un bulto, pero no estamos seguros de si se trata de un ciclista o no, ¿qué hacer, acelerar o frenar el coche que conducimos?

Todo el mundo admite que no cabe manipular personas humanas o tratarlas como cosas. Nadie puede a capricho obligar a una persona adulta a cambiar de sitio. Recuérdese a Rosa Parks. Pero si manipulamos embriones humanos, como si tuviésemos la certeza de que son cosas, corremos el injustificado riesgo de manipular una persona. Me refiero a la gestación subrogada, a las madres de alquiler. Tratamos a una posible persona como si fuera una cosa, que cambiamos de un sitio a otro por mera conveniencia nuestra.

Insistamos. No hay manera de probar que en un embrión humano no existen los operadores lógicos. No es cuestión de tamaño o de peso. Las verdades lógicas no tienen dimensiones físicas. No hay aparatos científicos, ni puede haberlos, que demuestren la ausencia de los operadores lógicos, pues éstos son anteriores a toda ciencia. Gracias a ellos se han construido todos los aparatos científicos.

Va contra toda lógica pensar que, si la técnica permite hacer algo con un cigoto humano recién fecundado, tenemos derecho a hacerlo. De un “puedo hacerlo” nunca se deriva un “debo hacerlo”. Si acaso, se deriva un “debo no hacerlo” en el caso de la duda. El fuerte puede pisotear al débil.

Pero no tiene derecho a hacerlo, y menos aún obligación de hacerlo. Los que no ven objeciones éticas a la gestación subrogada cometen este paso lógico en falso. En esta situación la madre es el fuerte y el embrión en su seno es el débil. Lo mismo que el que va en coche es el fuerte y el ciclista, que la niebla nos impide ver con claridad, es el débil. El fuerte “puede” atropellar al débil, pero en la duda lo que “debe” hacer es precisamente no correr el riesgo de atropellarle.

Nuestra ignorancia es ya una primera razón para condenar en principio la gestación subrogada. “In dubbio pro reo”, decían los juristas romanos. Con mayor razón cabe afirmar en este caso “in dubbio pro innocente”.

Veamos ahora una segunda razón.

Hay un hecho, por todos admitido, para suponer que los operadores lógicos están presentes en el cigoto en el momento mismo en que un óvulo es fecundado por un espermatozoide. En ese instante queda constituido un nuevo código genético de 46 cromosomas, 23 de cada progenitor. Ese ADNidentificará a hasta la muerte primero al feto, luego al niño, y finalmente a la persona adulta.

El cigoto se multiplicará en variadas y complejas células, hasta formar los órganos y miembros corporales de la persona. Pero lo asombroso es que el DNI, por así decir, de esa persona haya sido expedido por la propia Naturaleza en el mismo acto de constitución del cigoto. Todas las células de la persona hecha y derecha conservarán hasta la muerte el código genético que empezó en la fecundación del cigoto. El ADN identifica a la persona concreta ante jueces y tribunales.

Este hecho debiera ser reconocido ante todo por los que ponen el grito en el cielo contra la contaminación ambiental. Si algún valor parece gozar de aceptación universal en nuestros días es precisamente el Respeto a la Naturaleza. Sólo que a “toda” la Naturaleza. No cabe seleccionar a nuestro gusto lo que merece respeto y lo que no lo merece. La generación humana forma parte de la Naturaleza, nos guste o no.

En comparación con este hecho afirmar que la persona empieza a serlo en un momento cualquiera después de la fecundación es una apuesta a ciegas, sin base lógica alguna. Ningún desarrollo posterior puede compararse en envergadura filosófica con la constitución del ADN en el cigoto.

La fuerza lógica de este segundo argumento consiste sobre todo en que nadie puede demostrar que sea falso. Nadie puede ofrecer una alternativa superior en trascendencia ontológica a la constitución de un nuevo ADN en el cigoto. Si la hubiera, se echarían por tierra todas las razones jurídicas para detener y condenar a alguien identificado por su ADN.

No obstante, aceptemos que este segundo argumento no convenza a todo el mundo. En cambio, el primer argumento sobre el dubbium sí debiera ser aceptado por todo el que quiera ser honrado intelectualmente.

Quizá sorprenda que apelemos a estos dos argumentos con referencia a la gestación subrogada. Son los mismos que se emplean contra el aborto. La explicación es ésta. Para todo principio moral puede encontrarse el caso concreto que lo contradice. Frente al precepto general no matarás cabe oponer el caso concreto de la legítima defensa. Y así con toda regla general en ética.

Difícilmente encontraremos el caso concreto en que el aborto esté justificado, aunque admito que pueda haberlo. En cambio es fácil encontrar casos concretos en que la gestación subrogada pueda estar justificada. No pretendo identificarlos. Sólo afirmar que es más factible su existencia, por la sencilla razón de que se intenta que la posible persona siga viviendo. No se busca matarla, como en el aborto. La gravedad es sin duda distinta.

Sin embargo, tanto la gestación subrogada como el aborto violan los dos valores éticos más prioritarios o elementales, el Respeto a la naturaleza y el Respeto a la persona. Por eso se refutan con los mismos argumentos.