Novak Djokovic se encuentra en Belgrado descansando del huracán en el que se ha metido desde que aterrizara en Melbourne a comienzos de mes. El número uno del tenis mundial ha sido expulsado de Australia y se ha quedado sin jugar un Grand Slam que ha ganado en siete de las últimas diez ediciones disputadas. Su reticencia a vacunarse contra el coronavirus y las tretas que implementó para acceder al país oceánico le han costado muy caro.
Fue recibido entre aplausos y manifestaciones de apoyo en Belgrado, su casa. Las autoridades políticas serbias le respaldaron hasta el punto de amenazar con crear un conflicto diplomático con sus homólogos australianos. El balcánico ha disfrutado de la pasión por su figura que le acompaña siempre que visita su nación. Ese es el oasis en el que sabe que los problemas se difuminan para él y su familia.
Fuera de las fronteras serbias no bajan calmadas las aguas. La marca de ropa francesa Lacoste, uno de sus principales patrocinadores, ya ha anunciado que le va a "pedir cuentas" por lo ocurrido en Australia. Y todos y cada uno de los países que acoge Grand Slams ya han aclarado que si la pandemia se mantiene como hasta ahora, 'Nole' no podrán cruzar sus fronteras y competir en Wimbledon, Roland Garros o el US Open.
Así las cosas, Djokovic descansa. Ha dicho que no volverá a la actividad pública hasta que concluya el torneo aussie. Sin embargo, eso no quiere decir que se mantenga inerte. Y es que este miércoles se ha sabido que el estelar tenista balcánico ha comprado el 80% de una empresa farmacéutica danesa que se está concentrando en encontrar un tratamiento contra el Covid-19-.
La compañía de biotecnología QuantBioRes es la empresa en la que Djokovic ha puesto su dinero para lograr un tratamiento que cure el virus. Esta es la manera en la que 'Nole' quiere aportar a la comunidad mundial, evidenciando lo poliédrico de su carácter.