Opinión

Guy Williams el inmortal Zorro y sus días en la Argentina

TRIBUNA

Roberto Alifano | Miércoles 26 de enero de 2022

Johnston McCulley, un escritor y periodista de Illinois, aficionado a temas históricos, fue el artífice de una saga desarrollada en la Alta California que tenía como protagonista a un joven justiciero de la aristocracia que por su astucia fue apodado “El Zorro”. A través de All-Story Weekly, el medio en el que colaboraba McCulley, cobró éxito inmediato, y no demoró en ser traducida a otros idiomas. Por esa misma época, el prolífico escritor crearía otros personajes de cómic y escribiría cuentos y novelas; además de numerosos guiones para el cine y la televisión.

Pero sería “El Zorro” quien se convertiría en uno de los primeros héroes de ficción de nuestra cultura moderna. Fue así que el personaje no demoró en tentar a Walt Disney para llevarlo a la televisión. Esto sucedió en 1957 e hizo que esta decisión, ofreciera una gran oportunidad a un modelo y actor de reparto, con muy espléndida figura, que fue contratado como star de la serie filmada en los prestigiosos estudios de Hollywood. El nombre del elegido para interpretarlo fue el de Guy Williams, quien a partir de ese momento se convertiría para la mitología popular en “El Zorro”. El proyecto abarcaría dos intensas temporadas con 78 episodios, los más que suficientes para dar fama universal al actor.

Contaba Guy Williams, que el efusivo entusiasmo de Walt Disney lo llevó a entrevistarlo personalmente -cosa nada frecuente- y le sugirió que se dejará un bigotito bastante cursi, para caracterizar a “El Zorro”. La forma de proyectarlo haría que el protagonista (en la ficción Diego de la Vega) para darle más vida y contundencia actuaría rodeado de reconocidos actores del momento. Es casi redundante agregar que el éxito de la serie fue arrollador. Cuando terminó el ciclo, Williams era extraordinariamente famoso y aunque ya para siempre identificado con “El Zorro” sería contratado para realizar de manera simultánea otras dos películas; tampoco tardó en llegar una propuesta para actuar en la serie Bonanza como primo de Will Cartwright, en 1964. Un año más tarde se convirtió en el enigmático profesor John Robinson del programa de ciencia ficción Perdidos en el espacio.

Si bien el protagonista de “El Zorro” se llamaba en la vida real Armando Joseph Catalano, para todos nosotros, los entusiastas de la serie, pasó a la fama como el amable Guy Williams, el hombre que le puso rostro al carismático justiciero a través de la serie que hoy todavía sigue logrando un alto rating en los mediodías de canal 13 de la Argentina, y que a pesar de las dilatadas temporadas, medidas en décadas, parece no envejecer.

Armando Joseph Catalano nació un 14 de enero de 1924 en el barrio de Washington Heights y se crio en la pintoresca Little Italy de Manhattan, en Nueva York. Su padre, don Attilio, que él recordaba cariñosamente, junto a Clara, “la mía mamma” (como la nombraba al evocarla con contagiosa ternura), eran dos humildes inmigrantes que se vieron obligados a buscar nuevos horizontes desde Mesina, una población de Sicilia, para escapar al hambre y la pobreza. Por tradición familiar don Attilio había heredado esa capacidad para manejar el florete y se la transmitió a su hijo sin pensar que le estaba proporcionando la herramienta que marcaría su futuro artístico para siempre.

Desde muy chico, el hábil espadachín soñaba y se ilusionaba con ser actor. “Mi meta era Rodolfo Valentino; ser su sucesor era mi gran sueños”. Por eso, más allá de intentar varios oficios y de lograr ingresar a la academia militar Peeskill, un día decidió abandonarlo todo, y con decisión envió sus fotos a una agencia de modelos logrando así dar inicio a su carrera. Demasiado bien parecido y seductor, sus retratos empezaron a aparecer en publicidades de revistas y diarios, y no demoró en ser contratado como modelo. Así conoció lo que significaba ser medianamente famoso para bien y para mal, ya que un director decidió rechazarlo para una producción por su aspecto latino. “Fue entonces que Henry Wilson, mi agente de aquel momento, se le ocurrió que debía cambiar mi nombre por otro que sonara más artístico y americano y menos itálico, por supuesto; allí nació para el mundo de la escena el Guy Williams que fui en “El Zorro” y que seré hasta que me vaya de este mundo”, recordaba.

Como arquetipo y figura de homme séduisant, la vida sentimental de nuestro amigo fue rica en experiencias enternecedoras. Corría el año 1948 y de la mano de un comercial llegó su primer gran amor, una bellísima modelo publicitaria, llamada Janice Cooper, con la que debió esquiar para una marca de cigarrillos. Se enamoraron en el set de la producción fotográfica y decidieron casarse de regreso a Nueva York. Fruto de esa relación llegaron dos hijos, Steve y Anthony. La boda y el crecimiento de la familia lo hicieron más popular; casi inmediatamente fue contratado para sus primeros comerciales de la aún incipiente televisión, y decidió mudarse a Hollywood hasta que fue descubierto por Walt Disney para convertirlo en “El Zorro”.

En 1968, Canal 13 de la Argentina comenzó a emitir por la tarde la célebre saga, y fue tal el furor y el rating que alcanzó la insólita medición de más de 40 puntos. Esto hizo que los directivos del canal decidieran invitar a Guy Williams a viajar a Buenos Aires. Llegó en de abril de 1973 y al otro día fue presentado en un exitoso programa llamado Teleshow. Resultó tan atractivo para el público, que Guy debió concurrir también a diversos programas para exhibiciones de esgrima; siempre con la capa renegrida de “El Zorro”. Fernando Lupiz, un joven actor, campeón argentino de ese deporte lo secundó con esmero en esas jornadas. “Ha sido mi gran amigo y discípulo -reconocía Guy abriendo grande sus manos-. Además de un hijo y hermano muy leal”.

En otro viaje a la Argentina llegó acompañado de Janice, su mujer, y del actor y barítono Henry Calvin, el famoso sargento Demetrio García, reconocido por su candidez y buen corazón. Encariñado con el país que lo mantenía vigente, en 1977, ya separado de su esposa, se radicó definitivamente en Buenos Aires para presentarse con Fernando Lúpiz en un circo de Mar del Plata que resultó otro boom: más de 250 mil personas presenciaron esos shows. “Para mí era demasiado, jamás imaginé tanto éxito -exclamaba apretando sus manos-. Salir a la calle era toda una hazaña por la gente que me rodeaba para pedirme un autógrafo”.

El barrio de La Recoleta, fue el elegido para habitar en Buenos Aires por Guy Williams, muy cercano a la casa del famoso locutor Antonio Carrizo, que alguna vez supo ocupar el cargo de agregado cultural de la Embajada Argentina en España. Por esa época, con Antonio nos encontrábamos seguido cerca de su casa para cenar. Una noche me dijo: “¡Qué te parece, lo invité al Zorro, que vive en la otra cuadra; es un tipo interesantísimo, vale la pena que lo conozcas!”. Y sin duda tenía razón.

Siempre con una sonrisa a flor de labio, alto, elegante, ameno y divertido en el trato, nuestras conversaciones fueron más allá de aquel primer encuentro y empecé a interesarme por la historia de su vida. A Guy le encantaba tomar café en La Biela, el conocido bar de La Recoleta y luego caminar unas cuadras por el barrio de regreso para llegar a su departamento de la calle Ayacucho. Sentía pasión por Buenos Aires -por la Argentina en general, a la que consideraba su otra patria- y por algunas mujeres de estas tierras que lo enamoraron.

Aquí conoció a la actriz y periodista argentina Araceli Lizaso, su primer gran amor en estos pagos, amiga de Lúpiz, quien los presentó cuando fue a verlos al circo marplatense. El flechazo fue instantáneo. Ella tenía 24, y él 54, pero la diferencia de edad no importó. La relación funcionó con idas y vueltas. En 1983 Guy decidió volver a Los Ángeles para formar parte de varios programas de la televisión estadounidenses y atender su negocio de los “panetones”, me manejaban sus hijos. Ese mismo año padeció un serio problema de salud, una embolia, de la que luego se recuperó, sin impedir que concretara su propósito.

Un año más tarde descubrió a Patricia, su segundo gran romance en estas tierras (hubo otro touch and go con una mujer de nombre Johanna que, según Federico Lupiz, duró hasta el día de su muerte, con alguna que otra separación, aunque siempre regresaban). Cuando Guy interrumpía su relación con Patricia, solía volver a ver a Araceli, quien se había casado con otro hombre, pero luego aseguró que lo terminó dejando por las promesas de boda que le hizo el actor.

Hacia mediados de 1989, mientras llevaba una vida tranquila en su departamento de Recoleta, nadie supo de él por varios días. Hasta que una vecina percibió un olor putrefacto frente a su puerta, dio aviso al encargado, y llamaron a la policía. El final fue trágico: lo hallaron muerto en la bañera producto de un aneurisma cerebral.

Los restos de El Zorro descansaron durante algunos años en el panteón de la Asociación Argentina de Actores del cementerio de la Chacarita, hasta que Steve, su hijo mayor, retiró sus cenizas y las trasladó a su país natal. Ya había nacido la leyenda de “El Zorro” en nuestra Argentina.