No es una broma, no. Desde hace un tiempo soy empleado de banca. No es que haya dejado el periodismo, ni mucho menos, es que sin darme cuenta me he convertido en trabajador de esa gran institución que es la banca y que regula nuestra vida y vela por nuestros intereses.
Resulta que, como millones de compatriotas, estamos trabajando para esa institución que nos obliga a tener un gestor, que no sirve para nada, que nos hace situarnos frente a esas malditas máquinas que, dicen, nos facilita el dinero, nos pone al día nuestras cuentas o depósitos y se queda muchas veces con nuestra tarjeta, tras engullirla con voraz apetito, porque ¡oh Dios mío!, se ha estropeado y nos advierte que no puede realizar ninguna operación.
Todo esto lo hacemos nosotros, porque la bendita banca se ha fusionado entre sí -dicen que es bueno- y ha puesto en la calle con eres y jubilaciones anticipadas a miles trabajadores, cerrando sucursales que ahora ocupan las fruterías, que han brotado como maníes en buena cosecha en las esquinas de nuestros pueblos y ciudades, mientras en muchos de esos pueblos no hay ya sucursales y nuestros agricultores y habitantes de esa España vaciada se tienen que conformar con suerte, con la visita semanal de un autobús con escaleras inaccesibles para muchos ancianos, que con sus cartillas de ahorro en la mano quieren cobrar su exigua pensión.
A cambio, los grandes bancos nos utilizan a nosotros, que depositamos nuestros ahorros, fondos y el cobro de nóminas, en trabajadores de esas instituciones, que además abren las cajas muy pocas horas al día y si quieres hacer cualquier gestión tienes una respuesta fija: “acuda a un cajero a nuestras página web”.
Pienso en esos millones de ancianos que no saben gestionar o solucionar sus problemas porque no saben, porque son mayores y nadie les ha enseñado. Es muy frecuente ver ahora en los cajeros a abuelos con sus nietos que ayudan a sus mayores a resolver esos problemas.
Pero yo, como millones de españoles, deberíamos estar contentos, pues la banca nos ha dado una nueva oportunidad de trabajo y además como no cobramos, estamos exentos de declarar ese trabajo en la declaración anual de la renta.
Como echo de menos esas Cajas de Ahorro y Bancos pequeños que nos querían, nos mimaban y además no es regalaban un calendario por Navidad.