Solo Televisión Española se apuntó el éxito, resolviendo con eficacia las dificultades del debate. Lo hizo además de forma impecable técnicamente. El confinamiento de Francisco Igea, el candidato de Ciudadanos, supuso una dificultad añadida que tanto el realizador como el presentador Xabier Fortes, excelente, resolvieron con profesionalidad y acierto.
Sería injusto afirmar que los candidatos a la presidencia de Castilla y León estuvieron mal. Pero no pasaron de discretos. Se quedaron en la zona del gris menor, sin que ninguno de los tres destacara. Tal vez estuvieron cohibidos por el alcance nacional del debate. Las elecciones en la Comunidad Autónoma de Castilla y León se han convertido en un test nacional. Tanto Pablo Casado como Pedro Sánchez y Pablo Iglesias lo saben. Y directa o indirectamente han echado carne sobre el asador castellano-leonés.
El candidato socialista, Luis Tudanca, reiteró el argumento de los 35 años de Gobierno del Partido Popular sin encontrar la adecuada respuesta: ¿Los electores castellano-leoneses son tan necios de votar reiteradamente al centro derecha si los representantes del mundo liberal conservador no lo hacen bien? El candidato de Ciudadanos, Francisco Igea, sabe que su partido está nacionalmente en la cuerda floja y escondió la presunta traición de negociar a espaldas del Partido Popular la eventual moción de censura que precipitó las elecciones anticipadas. Finalmente, Alfonso Fernández Mañueco mantuvo el aroma grisáceo de un debate que apenas existió porque los tres candidatos, en lugar de polemizar, se limitaron a hacer afirmaciones que traían preparadas.
En todo caso, el encuentro no fue negativo, aunque hubiera podido ser muy positivo si se llegan a abordar con más nervio las cuestiones que encizañan la vida de la Comunidad Autónoma. Sería injusto decir que ha sido una ocasión perdida. También lo sería afirmar que fue una ocasión ganada.