Mariano Rajoy se equivocó en su política sobre Cataluña. Le faltó sagacidad y previsión. Acertó de pleno en su reforma laboral, aplaudida por la Unión Europea. Pedro Sánchez anunció reiteradas veces a bombo y platillo audiovisual que derogaría la reforma marianita. Pero se tropezó con la realidad europea. Y doce años después solo ha podido llevar al Congreso de los Diputados el maquillaje de la realidad laboral que Europa exige y que Mariano Rajoy supo atender.
Jorge Fernández Díaz, que está escribiendo en el diario La Razón una de las mejores columnas de la Prensa de España, afirma: “Salvo cambios de última hora el Congreso dará hoy luz verde a la “reforma laboral” que en realidad es simplemente un “retoque laboral”, eso sí, pactado con la patronal y unos sindicatos convertidos en meras correas de transmisión de la política del Gobierno en la materia”.
A Pedro Sánchez le importa más el parecer que el ser. El “retoque laboral” significa atender de perfil a Podemos y reafirmar ante Europa que él es un socialdemócrata. Juega el presidente sobre el alambre y aspira a que su ejercicio circense le permita alcanzar el final de la legislatura.
Como era de esperar no se han producido los cambios de última hora que algunos vaticinaban y Pedro Sánchez ha salido airoso de una votación especialmente comprometida para él. Sería injusto negarle capacidad para el equilibrio y la negociación. Su “retoque laboral” ha abierto ya las puertas fáciles del Senado. El sanchismo, en fin, se ha apuntado una victoria especialmente significativa.