Editorial

La mayoría del Parlamento, en contra de la reforma laboral

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Viernes 04 de febrero de 2022

Si Alberto Casero, el despistado diputado del PP, no se hubiera equivocado al votar telemáticamente, el Gobierno habría perdido la votación de su proyecto estrella, del presentado como un “hito histórico” para los trabajadores, de la contrarreforma laboral que Sánchez y Díaz creían tener amarrada en el Parlamento. Un error humano no puede ocultar que la mayoría de la soberanía popular estaba en contra de sacar adelante el decreto o, mejor, el “maquillaje” de la normativa de Rajoy. El esperpento del Gobierno se produce por acordar un proyecto descafeinado, que no contentaba ni a la izquierda, por ser un retoque y no una derogación; ni a la derecha, por introducir medidas, como la temporalidad, que iban a destruir la creación de empleo.

La clave ahora, lo que ha levantado una polvareda entre los partidos y, sobre todo, la gran incógnita reside en saber si habría que repetir la votación. Democráticamente debería hacerse, pero no es previsible. Según los hechos, el diputado del PP, al descubrir su error, acudió al Hemiciclo y, antes de que se produjera el conteo informático, explicó a Batet que quería corregir su voto. En estos casos, la mesa del Congreso debería haberse reunido para resolver el entuerto. Pero no lo hizo. Además, los votos telemáticos deben ser conformados telefónicamente y tampoco se hizo. Por esas dos irregularidades, el PP recurrirá al Tribunal Constitucional si la Cámara no atiende a su petición. Pablo Casado ha calificado estos hechos como “un fraude democrático.”

Y no le falta razón. Polémicas al margen, decida o no la mesa repetir la votación, la cacareada reforma laboral acordada por los agentes sociales y protagonizada estelarmente por Yolanda Díaz ha encallado en el Congreso de los Diputados. El Gobierno ha fracasado por presentar esta chapuza legislativa y por no saber contar. Creía tener mayoría de votos y no era así. Sin el despiste del diputado popular, Pedro Sánchez y Yolanda Díaz se hubieran llevado un revolcón histórico en el Hemiciclo. Más histórico que su “hito”.