Traducción de Yulia Dobrovólskaya y José María Muñoz Rovira. Automática. Madrid, 2021. 551 páginas. 25,50 €.
Por Jorge Pato García
En estos tiempos en los que tenemos tanta información acerca de la frontera entre Rusia y Ucrania vamos a poder saber, gracias a esta novela, de un enclave muy peculiar que se encuentra dentro del continente europeo y que es poco conocido. En concreto hablamos del Óblast de Kaliningrado, un territorio ruso pero que está rodeado por Lituania y Polonia, que cuenta con salida al mar propia. Pero ¿de dónde viene el origen de este territorio? Después de la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial esta parte de la antigua Prusia oriental pasó a formar parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, expulsando a más de 2 millones y medio de alemanes de la tierra en la que vivían.
Es precisamente la tierra natal del autor de esta peculiar novela, Yuri Buida (Znamensk, 1954), que se ha posicionado como uno de los más destacado de las letras rusas en este siglo XXI. Gracias a que habla precisamente de la tierra de sus orígenes La novia prusiana se convierte en una novela al detalle tanto de personajes como de historias. El concepto de novela coral se queda corto ante la pléyade de personajes que pueblan las páginas de este libro. Otra de sus peculiaridades es que está dividido en 46 relatos distintos, por lo que podemos abordar su lectura de forma independiente y sin tener que llegar hasta el final en busca de un desenlace. Pero no es fruto de la casualidad ya que detrás de cada una de estas breves historias el lector tiene mucho sobre lo que pensar a través de lo que todas le transmiten. Personajes, por otra parte, de todo tipo y condición: genios, locos, enamorados, desencantados y así un largo etcétera de extremos de personalidades.
Quizás lo que se plasma en estas páginas es parte de la dureza del entorno geográfico de estas tierras situadas tan al norte. Allá donde se puede encontrar la dicotomía entre lo bello y lo terrible, entre la dureza de la vida terrenal y lo onírico que evoca el paisaje. Esta huella se nota en cada uno de estos relatos y sin duda nos acerca una literatura que normalmente nos cuesta asimilar, pero que Yuri Buida ha conseguido universalizar.