Desde hace años los científicos vienen considerando al megalodon como uno de los superdepredadores más grandes de todos los tiempos. Según la teoría más aceptada, el megalodon, un gigantesco tiburón de 20 metros de largo y entre 50 y 100 toneladas de peso, habría sido el rey de los mares durante mucho tiempo, aproximadamente de 15 a 3,6 millones de años más atrás. Sin embargo, solo conocemos al megalodon por fósiles de sus dientes y vértebras, pues, al tratarse de un pez cartilaginoso resulta muy complicado que se conserven.
Tradicionalmente se ha empleado el gran tiburón blanco moderno como modelo para estimar la forma corporal del megalodon. Sin embargo, un nuevo estudio, que publica Historical Biology ha mostrado que esta comparación ya no tiene sentido. El gran tiburón blanco pertenece a la familia de tiburones Lamnidae, que también incluye a los tiburones mako, marrajo sardinero y salmón, y son regionalmente endotérmicos (parcialmente de sangre caliente), lo que les permite ser depredadores activos. Sin embargo, los últimos trabajos apuntan a que el megalodon no es un tiburón lámnido, por lo que su forma no tendría porque parecerse a la de estos escualos, como se pensaba hasta ahora.
El nuevo estudio examinó si un enfoque bidimensional de este tipo puede realmente diferenciar las formas corporales representadas por las especies modernas endotérmicas (de sangre caliente) de las modernas ectotérmicas (de sangre fría) dentro del orden de tiburones llamado lamniformes que también incluye al megalodon. El estudio indica claramente que, en dos dimensiones, no existe una relación entre la termofisiología y la forma del cuerpo en los lamniformes. "Aunque todavía es posible que O. megalodon se haya parecido al gran tiburón blanco o a los lámnidos modernos, nuestros resultados sugieren que el enfoque bidimensional no necesariamente permite de manera decisiva la reconstrucción de la forma de su cuerpo", explica Jake Wood, uno de los coautores de la investigación.
"Este nuevo estudio muestra que actualmente no existen medios científicos para respaldar o refutar la precisión de cualquiera de las formas corporales de megalodon publicadas anteriormente", indica el autor principal Phillip Sternes, de la Universidad de California. “Puede parecer un paso atrás en la ciencia, pero el misterio continuo hace que la paleontología, el estudio de la vida prehistórica, sea un campo científico fascinante y emocionante”, añade por su parte Kenshu Shimada, profesor de paleobiología de la Universidad DePaul y coautor del estudio.
“Todas las formas corporales propuestas anteriormente deben considerarse especulaciones desde el punto de vista científico”, indica Sternes. En opinión de los expertos para poder averiguar con certidumbre la forma que tuvo el megalodon será necesario hallar, al menos, un esqueleto completo, o casi completo, de la especie en el registro fósil. “El hecho de que todavía no sepamos exactamente cómo se veía mantiene nuestra imaginación en marcha”, dijo Shimada. “Esta es exactamente la razón por la cual la ciencia de la paleontología sigue siendo un campo académico apasionante".