El público de Madrid pudo por fin disfrutar de una auténtica música caribeña el pasado sábado en la Fundación Juan March de la mano del compositor y pianista Pepe Rivero. Resultó una deliciosa matinée donde los ritmos sincopados de los cantos cubanos, interpretados al piano con variaciones jazzísticas, fueron en algunos momentos acompañados por la voz de los asistentes, invitados a participar.
Pepe Rivero es un excelente intérprete que, haciendo honor a su origen canta para sí los ritmos de su Cuba natal conforme va deslizando vertiginosamente los dedos sobre el teclado sirviéndose de larguísimas frases compuestas al estilo del jazz, entre las que asoman, como caras perlas del Mar del Sur, melodías cubanas inolvidables: “Perfidia”, “Aquellos ojos verdes”, “Tristeza”, “Yolanda”, … Formado en el Instituto Superior de Arte de La Habana, Pepe Rivero vino a vivir a España en 1998. Aquí conquistó el Tercer Premio SGAE de Composición de Jazz Latino (2001 y 2002). En 2015 fue acreedor de un Grammy Latino acompañando a Paquito D’Rivera en su último disco Jazz Meets the Classics (con este mismo intérprete había resultado nominado al mismo galardón en 2011 y también lo fue en 2017 junto a Yuvisney Aguilar por su disco Piango Piango). Participante habitual en festivales de jazz de prestigio internacional (Montreux, Montreal, Middelheim…) o en importantes encuentros musicales en los cinco continentes. Rivero también ha lanzado títulos discográficos: el último, Los boleros de Chopin, ha sido presentado recientemente en el Festival de Jazz de Palermo (Italia). Actualmente ocupa el cargo de director musical del Festival CLAZZ Continental Latin Jazz de España, primer festival de jazz latino en Europa, fundado en 2011.
El concierto La Vieja y la Nueva Trova Cubana ofrecido en la FJM estuvo centrado en compositores del género musical conocido como trova cubana, expresión que más auténticamente describe la música del país caribeño. Como muchos lectores sabrán, “trova” es una composición poética con arreglo musical para ser cantada, como lo hacían los trovadores medievales.
La trova específicamente cubana surgió en la isla a raíz de la introducción en ella de la guitarra por parte de los españoles. Letra y música o, más concretamente, serenata y guitarra, crearon y fueron desarrollando un germen en Santiago de Cuba que, con la introducción paulatina de los ritmos propios de la isla y la incorporación sucesiva de imágenes (la mujer, la naturaleza autóctona…) -en ocasiones jerarquizadas llegando incluso a su nacionalización-, darían como resultado en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX -coincidiendo con los últimos años del colonialismo español y la primera época republicana- una música cubana con identidad propia: surgieron entonces cantores que componían música sobre textos de gran sensibilidad poética y la interpretaban ellos mismos, al estilo de los antiguos trovadores. Uno de estos primeros trovadores cubanos fue Pepe Sánchez -1856-1918- (de quien se escuchó su “Tristeza”, también denominada “Me entristeces, mujer”, tema compuesto en 1882 y considerado como el primer “bolero” en el sentido moderno -de canción latinoamericana- del término-). Algo posterior fue Sindo Garay -1867-1968- (de quien se interpretó su célebre “Perla marina”). Los siguió Manuel Corona -1880-1950- (“Longina”).
Ya bien adentrado el siglo XX nuevos autores tomarían el relevo de aquellos trovadores cubanos pioneros, conduciendo el género a su apogeo en torno a la década de 1940, plenitud que continuaría durante la revolución, pero ya enfocada en la capital, La Habana (no deja de constituir una anécdota simpática que este grupo de compositores se autodenominara “filin”, castellanización de “feeling”, sentimiento). Las melodías comienzan entonces a ser más ricas e incluyen acordes disonantes, mientras que algunos versos en lugar de cantarse se declaman, al tiempo que el ambiente recreado es más intimista. De este segundo período son los compositores Nilo Menéndez -1902-1987- (“Aquellos ojos verdes”, compuesta en 1930 junto con Adolfo Utrera -1901-1931-), Miguel Matamoros -1894-1971- (“Olvido”), Eliseo Grenet -1893-1950- (su “Ay mamá Inés”.., todos los negros tomamos café.., fue coreada por el público asistente a la Fundación), María Teresa Vera -1895-1965- (se escuchó su habanera “Veinte años”, compuesta en 1935 sobre un poema aportado por su entrañable amiga de la infancia Guillermina Aramburu, donde la poetisa expresa sus sentimientos de desamor tras la ruptura de su matrimonio), Bienvenido Julián Gutiérrez -1901-1966- (“Convergencia”) o el mundialmente famoso Ernesto Lecuona -1895-1965- (“Siempre en mi corazón”).
Hasta aquí la Antigua Trova cubana, cuyos dos períodos, arriba expuestos, fueron claramente delimitados por Pepe Rivero, no solo en el programa de mano, sino también en su alocución, que tuvo lugar justo después interpretar a los representantes de ese primer período de la Vieja Trova (el artista expresó su agradecimiento a la Fundación por haberle encargado este recital y confesó lo difícil que le había resultado elegir los temas finalmente presentados, dada la importancia de la producción de este período, tanto en cantidad como en calidad).
El recital dio paso entonces a los compositores de la Nueva Trova cubana, fundada en la década de 1960 por un grupo de músicos jóvenes (Pablo Milanés, Juan Fornell, Marta Valdés o Teresita Fernández…) que emergieron ya instaurada la revolución musicando poemas al ritmo de rancheras o boleros, o en ocasiones fundiendo estos con el rock o el calipso, como haría uno de los más famosos, Silvio Rodríguez. No se puede afirmar que esta Nueva Trova haga específicamente canción política -aunque los temas de esta índole estén presentes, junto con el del amor, o la soledad, en sus composiciones-. Resulta más riguroso considerar su aspecto de género musical; es decir, como el resultado de la evolución de aquellos primeros trovadores cubanos, que aún hoy sigue produciendo buenos artistas – los llamados “jóvenes trovadores”-, como lo son Carlos Varela, David Torrens o Amaury Gutiérrez, cuyas canciones siguen traspasando la isla y llegando a todos los países de habla hispana.
Los autores de la Nueva Trova cubana representados en el recital fueron Pablo Milanés y Silvio Rodríguez. De este último (1946) se interpretaron su “¡Ojalá y Quién fuera!”, “Mi unicornio azul” (tema que ya había salido -cantado- en la segunda entrega del ciclo, dedicado a la memoria de Mercedes Sosa) y “La Maza”. De Pablo Milanés (1943) se escucharon “De qué callada manera” (aquí el público, previamente educado por el maestro Rivero, cantó un fondo musical a dos voces) y “Yolanda”, así como “Años”.
La sesión concluyó con un célebre tema -ofrecido como propina- de Osvaldo Farrés (1902-1985), compositor cubano que emigró a Estados Unidos tras la llegada al poder de Fidel Castro. Autor de boleros tan grabados en la memoria popular como “Quizás, quizás” -ofrecido el sábado- “Toda una Vida” o “Estás equivocada”, está considerado uno de los principales compositores cubanos de todos los tiempos, posiblemente junto con más versátil y académico Ernesto Lecuona. El pianista y compositor Pepe Rivero hizo así un bello homenaje a este autor de más de trescientas canciones y uno de los compositores más interpretados fuera de Cuba, que no podía faltar en un concierto tan representativo de la música cubana como el del pasado sábado.
El próximo sábado 12 de febrero concluirá el Ciclo Clásicos de la Canción Latinoamericana con el título “Classicos da Bossa Nova”.