Alguna vez tenemos que hablar de las personas normales, de aquellas que nunca son noticia. De hombres y mujeres nobles, que hacen que nuestro país sea grande y no el que desean esos que quieren manipular nuestra vida de una forma innoble.
Por eso hoy quiero hablar de un hombre sencillo, de Ginés Fuentes que nació entre virutas y ha sabido de mayor dar forma a esas virutas y crear “Versos del alma”, su mejor mueble. Una obra inmaterial que nos enseña ese aspecto principal y a la vez único de la persona como es el amor. Ginés vuelca en cada verso su amor a su alma gemela perdida y que intenta encontrar, aunque él no se dé cuenta que la tiene siempre a su lado.
Ginés Fuentes es natural de Huercal Overa, un maravilloso pueblo del levante almeriense, que tiene una Semana Santa ejemplar y que hace que autores como él, encuentre en sus gentes, calles y monumentos, un recorrido fácil para el amor y la amistad. Amor y amistad, dos palabras que parece que hemos olvidado y que ahora, una vez más, cuando nos dicen que “la pandemia se acaba”, nos damos cuenta que necesitamos cada vez más. Amor y amistad, dos conceptos que muchas veces parece que nos cuesta practicar, sobre todo cuando ahora la envidia, nuestro gran pecado capital, está llamado ahora a nuestra puertas de forma insistente.
Este viernes han salido a la luz estos “Versos del alma” que, repetimos, son obra de un hombre sencillo, pero que con sus versos nos ha enseñado a muchos a bajar un punto nuestra permanente soberbia de estúpida sabiduría y hacernos poner los pies en la tierra porque como escribe Ginés Fuentes:
“Caminé por sendas solitarias,
pregunté a personas
que no pude ver;
interrogué a mi silencio
y una respuesta encontré.
No busques en el olvido
que mal consejero es;
sigue el camino
para encontrar al ser querido,
pues el amor, amigo mío,
quizás esté a tu lado
y tu personal ceguera,
no te lo deja ver.”
Tomemos nota, de los hombres y mujeres sencillos y nobles de nuestro país, que son muchos más de los que nos calificamos como listos.