Así es que el PSOE sanchista puede incorporar al Gobierno militantes del Partido Comunista y cerrar alianzas con los partidos secesionistas de Cataluña y el País Vasco y con los bilduetarras, herederos de Eta, la banda terrorista que asoló a España durante décadas.
Así es que el Partido Popular no puede llegar a acuerdos con Vox, un partido que respeta la Constitución y que se mueve siempre dentro de la ley.
La incongruencia del sanchismo es mayúscula: sí a la alianza con la extrema izquierda; no, radical y excluyente, a Vox, un partido constitucionalista.
La torpeza de algunos políticos del mundo liberal conservador y de ciertos medios de comunicación resulta palmaria. Han dejado que les derrote ante la opinión pública el relato de la extrema izquierda en lugar de proclamar hasta la extenuación que el comunismo es una ideología totalitaria y sustancialmente antidemócrata. Cuba o Corea del Norte están consideradas como naciones democráticas por el progresismo de caviar y domperignon que sestea en España. Y así lo aceptan también ciertos medios de comunicación y determinados políticos ultraizquierdistas.
Pues no. La alianza con comunistas, secesionistas y bilduetarras constituye una aberración desde el punto de vista democrático. El pacto con un partido constitucionalista como Vox podrá ser conveniente o no dentro del juego político democrático, pero resulta inaceptable la demonización de un partido como el de Abascal, mientras se instala en los cielos democráticos a agrupaciones de extrema izquierda que pretenden despedazar a España y que representan sistemas dictatoriales o totalitarios. Y, por cierto, castellanos y leoneses le han dado una patada tremenda a Pedro Sánchez en el rabel de Luis Tudanca.