Pablo Casado ha afirmado que Pedro Sánchez está “preso de la radicalidad de los herederos de Eta, los independentistas y los comunistas”. “Los españoles -añade- no conciben premiar a quien está desnudo de principios”. Y concluye: “En el PP solo nos debemos a los españoles y seguiremos cabalgando mientras ladran los de siempre”.
Para otorgar su abstención en Castilla y León, Pedro Sánchez pretende que el Partido Popular anatematice a Vox y rompa cualquier relación con el partido de Abascal en toda la geografía nacional. Y quien lo plantea con descarado cinismo es el aliado de la extrema izquierda, de los proetarras, de los golpistas catalanes, de los secesionistas, de todo el conglomerado antisistema que pretende destrozar la Constitución.
Desde hace un par de años, el think tank monclovita cree que si se acepta un acuerdo del PP y Vox la Moncloa está perdida para Sánchez. Y se esfuerza por presentar una imagen de Vox que lo excluya de cualquier posible pacto con el centro derecha.
Pablo Casado ha sido concluyente. “No estoy en política -ha dicho- para llegar como sea, donde sea, ni para hacer lo que sea”. Eso lo deja para Pedro Sánchez. Casado tiene principios y cualquier eventual acuerdo con Vox pasa porque se respeten sus principios, mayoritarios, por cierto, en la Unión Europea. Son muchos en el PP y en otros medios políticos y de comunicación que han llegado a la misma conclusión: “La unidad de la derecha es el único antídoto frente al socialcomunismo”. Seguramente Pablo Casado está de acuerdo con esta afirmación siempre y cuando se respeten los principios liberal conservadores que vertebran al Partido Popular. Y ahí es donde reside el debate que no es solo político sino intelectual.