Opinión

Democracia a la baja

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 16 de febrero de 2022

La política peninsular, ese caos que nos obliga a votar casi sin descanso, sin que esto signifique que seamos más demócratas, se parece cada vez más al retrato de Dorian Gray. Envejecemos como votantes haciendo que las urnas sean las que soporten el peso de nuestro tiempo, mientras la clase política permanece en su estado hedonista, casi inmortal, sin padecer los estragos de la edad provecta. Lo de votar cuantas veces se nos diga viene a resultar una fantasía moral que, a través de la ficción alegórica, nos describe un mundo imaginario donde los resultados electorales nos inculcan un desorden difícil de digerir. De manera que uno se cuestiona si esto de la democracia ha durado más de la cuenta o tal vez sí es que nos ha invadido la descomposición del sistema.

Lo cierto es que un estudio del diario semanal The Economist” nos baja la nota que teníamos en el índice democrático mundial, de tal manera que nuestra democracia pasa de “plena” a “defectuosa”, que viene a ser algo parecido al famoso dicho de “quien no siembra, no recoge” Traído a lo que nos afecta quiere decir que vamos a peor por una cuestión de incapacidad absoluta de nuestra clase política tan híbrida como calamitosa.

El mejor exponente del deterioro democrático es la sinrazón de los actuantes, primeros vocingleros al servicio de la homilía salida de las ubres de Moncloa. El señor Tezanos, por ejemplo, nada menos que presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas, responsable de la thermomix para cocinar estadísticas de vanguardia al servicio del gobierno Sánchez y que, por lo general, al fallar con los ingredientes siempre la pifia con el resultado final. El caso más reciente el monumental fiasco en estas elecciones autonómicas de Castilla y León en donde, una vez más, ha patinado en largo y ancho. No ha acertado el resultado en ninguno de los cinco grandes partidos. Por supuesto que no ha escatimado en excusas afirmando que los estudios que realiza el organismo público no se sitúan «en el plano de la magia y/o la adivinación». Un argumento que ya utilizó en patinazos anteriores como el que cosechó en las elecciones madrileñas, en las que llegó a pronosticar una victoria de la izquierda. A lo mejor el Mago Pop para una próxima vez. Digo yo.

No vayan ustedes a creer, pero en este espejo se miran a diario quienes protegen sus intereses aquí depositados. Fuera de nuestras fronteras nos miran, nos analizan e incluso nos jalean por cuestiones diversas, incluso por nuestro folclore, pero aquellos que nos bajan la nota son quienes cocinan de primera y saben distinguir a la perfección una perca del Nilo de unas cocochas de merluza del cantábrico. Que sí, que en España no utilizamos el sentido común, pero es que el desorden institucional político y social, salvo raras excepciones, nos dejan con el culo al aire frente a democracias más hechas y mejor cocinadas que la nuestra. Y esto, no es magia, sencillamente es coherencia e inteligencia. Otros lo llaman política de altura.

El cuadro no deja demasiado lugar a las dudas: la democracia para nuestros gobernantes sólo sirve para refrendar sus propios deseos. Si los votos les obligan a desistir de ellos o a modificarlos en función de cualquier circunstancia, de pronto, las urnas les parecen prescindibles o, en su defecto, las reabren una y otra vez hasta que se adapten a sus caprichos.

Nuestra democracia tiene que mejorar, hacerse adulta. No es admisible que sólo consista en votar cada dos por tres y después permitir que los supuestos elegidos por el pueblo hagan lo que les dé la gana. No es tolerable que éstos mismos interpreten los resultados electorales a su antojo y conveniencia, además, tomándonos por tontos a los ciudadanos de a pie, a juzgar por sus argumentos siempre tan declinados como irreverentes.

En política, aunque ya sabemos que la cordura no forma parte de ninguna lógica, cuando la desproporción de unos pocos convierten la desvergüenza en legalidad no queda otra que meter el bisturí y extirpar el mal. En otros países con clara vocación de justicia cabal e independiente lo llaman cesar o echar a la calle al causante o grupo de actores de la incompetencia. Es la manera de que una verdadera democracia sea valorada no solo por su contenido, sino también por su continente.

Así pues, la democracia española de hoy en día es como si en una trainera hubiera remeros que bogan a remo cambiado. Algo tan difícil de digerir como fácil de solucionar, basta con poner a cada bogante en el sitio correcto para conseguir el equilibrio del equipo. Cuanto antes mejor.