Opinión

México: pseudoperiodismo vs. poder público

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 17 de febrero de 2022

Contar y no acabar. Hablar del ejercicio periodístico, de sus reglas infranqueables, del pseudoperiodismo y la relación guardada con el poder público, tanto como la sostenida entre tal y el periodismo serio, recuerda que tenemos en México, nuevamente, un debate sobre los límites quebrados entre los tres aludidos, con lo cual la simple libertad de expresión no puede solapar excesos pseudoperiodísticos ni tampoco la reacción autoritaria tal desde el poder mismo. El debate entre cierta prensa macarra, vendida y López Obrador es más que un choque de poderes.

Y en efecto, ante señalamientos puntuales del poder público a la prensa torcida y mentirosa, no nos quedemos en lo superficial, porque lo que sucede en México conviene abordarlo de manera más incisiva y no limitarse a posturas lacrimógenas como las que pululan sin ir al fondo. México es el segundo país en noticias falsas, provienen de esa prensa aludida, que son para consumo interno, causadas por la negada campaña de ciertos medios contra el presidente. La infodemia está desatada. Y ahí está y ese pseudoperiodismo monotemático que solo busca la animadversión hacia el mandatario, reta la inteligencia de los ciudadanos. No, no es si él solito la provoca como cobardes, arguyen, negando su deplorable proceder al prostituir el periodismo con esa campaña orquestada, perfectamente aceitada y deliberadamente ejecutada. Hay público que se la traga enterita, lo hay que no, por fortuna. Pero el bombardeo de notas falseadas es inclemente. Notas que ni son corregidas ni enmendadas por sus autores, porque cumplen así esa misión provocadora de animadversión. ¡Claro qué sí! Sus autores las lanzan y se quedan tan panchos con la desvergüenza de negarla. Bola de vendidos al PRI.

Si hoy la libertad de expresión reclama la inteligencia para expresarse, entonces no cabe el pseudoperiodismo que campea en México, desde el cual los ahora informadores ya no beneficiados con estratosféricas prevendas y coimas del sexenio priista, son tan rijosos con el actual gobierno federal, que hasta parecen la mera verdad. Y no. Más orquestan una labor desinformadora antilopezobradorista sostenida, que periodismo serio. Ni negarla, que existe tal sistemática acción golpeadora para insuflar ánimos contrarios al presidente mexicano –inundando los medios de notas tergiversadas, cuando no falsas– engañando a la opinión pública. De ahí la importancia de denunciarlo de nueva cuenta por ya no ser periodismo, dado que el periodismo serio, responsable, supone apelar a la verdad. La regla es de oro, ineludible, incuestionable y asaz muy clara y hay quienes se apartan de tal.

Sí, existe tal campaña y nos obliga a recordarlo: sus orquestadores pretenden apoyos a sus irresponsables prácticas, escudándose en su libertad de expresión, olvidándose de que aquella tiene por límites, entre otros, la verdad que no difunden. No es de recibo su malsana práctica prostituyendo los medios sociales.

En esa tesitura, desde el verano pasado López Obrador respondió a la metódica desinformación y al ataque a su gobierno lanzándole paparruchas y falsedades, con una estrategia acertada –independientemente de si algunos la califican como polémica– procediendo a exhibir notas falsas y apostillándolas, precisando a lo mal informado, corrigiéndolo. Si esa desinformación de múltiples medios no existiera, no haría falta la tarea emprendida. Sencillo de entender, pese a que ella agreda a descerebrados. El Estado tiene derecho a dar su versión y a informar contrastando notas falsas, en pro de la sociedad. O ¿debe el poder público callar cuando se falsea su labor en aras de intereses retadores? No. Ha generado dos reacciones: a) condenar la sección “¿Quién es quién en las mentiras?” de los miércoles en la conferencia matinal del presidente, y b) politizarla. Se ataca de ella hasta la voz de la portavoz que la encabeza. Ya se sabe, infantilismos, pues les jode ser exhibidos. Dejarse de monsergas. Medios: dejen de mentir. Punto. Y sí, no han disminuido las noticias falsas, lo que los exhibe y seguirán siendo exhibidos en su carencia de ética y su indomable nula vocación por la verdad.

Llegamos a un punto en que ciertos medios y sus rostros, se sienten con el derecho divino de mentir, impunemente, mientras claman vivir en una dictadura. Estúpidos. Tienen cara, aturdidos. Carecen de tal prerrogativa. Son “periodistas” opositores desacreditados por su propia labor. Podrán disentir, que es su derecho, mas no lo es mentir desde su palestra. En el camino, van contra las campañas de respeto al derecho de las audiencias. Algunos como Ciro Gómez Leyva, responden que se deje de defenderlo, dejando libre al público, lo cual sugiere que siga abrevando de su tarea desinformadora, su trampa y desvergüenza.

¿Y las consecuencias de su actuar? le pongo una muestra. Alguna colega profesora opositora a López, consume en su embobado y enajenante odio acendrado a él, cuanta nota falsa haya de toda laya. Las retuitea. Un exalumno, que me contó la anécdota, le dijo “maestra, esa nota es falsa”. Oronda y envalentonada, reviró: “no soy periodista para verificar lo que publican”. ¡Recórcholis! ¿ve la gravedad? Esa es la carencia de ética periodística del emisor y de nulos rigor y criterio informativo de la destinataria que, siendo ella profesora de comunicadores, norma opinión a partir de falsedades y estupideces. Rezaré mucho por ella, con toda mi conmiseración. La infodemia induce a y ella escupe todo sin siquiera pestañear. Puede medirse el profundo daño causado por exponerse a medios desinformadores, consolidando ellos un clima de crispación.

Sí, no corresponde al poder cuestionar a los periodistas per se. Sí, precisar imprecisiones. A ellos, en el caso mexicano, sí corresponde dejarse de tanta mentira y bulos en pro de sostener una campaña de desinformación notoria. No se les puede apoyar por tal comportamiento mancillando la verdad. Por el derecho a la información, es imposible. A mí no me hacen falta ni requiero solaparlos. El agua de borrajas no es periodismo ni pretendan que comulguemos con ruedas de molino. Conjeturas, infidencias, inferencias, supuestos y simples apreciaciones disfrazadas de nota periodística, no son periodismo. Serán otra cosa y nada más. El pleito entre el sujeto bien apodado Lord Montajes con justa razón y el presidente de México, se enmarca en todo lo descrito; escala posiciones y exhibe a ambos. Al primero, en su nula ética y su farsante proceder; al segundo, rebajándose innecesariamente al nivel de un tipo que no merece la menor atención, porque el desprestigio de Lord Montajes ya está. Sus “investigaciones” al poder que no lo prohija más van repletas de asegunes y no de hechos prodados y nexos comprobados. Así no se hace periodismo serio y que no se victimice, que no le queda. Así de sencillo. Y ese pleito no es atentar contra las libertades y ambos sujetos se enganchan, no solo uno de ellos y negarlo a uno, es mentir.

En consecuencia, cuando el fin de semana pasado cundió un inopinado hastag, almohadilla, apoyando a Loret de Mola con un aturdido “todos somos”, a ello respondo con firmeza: no, yo no soy, gracias. No me confundan con. Serlo sería ponerme en plan de un pseudoperiodista y a mí eso, fíjate, no me hace falta secundarlo ni lo promuevo. Yo no apoyo pervertir el periodismo ni a él le compro su victimismo. No lo requiero. Su descrédito está bien ganado por sí mismo, por lustros, superándose de cuando en cuando en sus montajes. Así que paso de ello. Y como, en efecto, es cosa de libertad de expresión, sí, entonces va mi derecho a ejercerla. Y al que le pique, que se rasque, que como decía Luis Cernuda, escritor del exilio español: no pido permiso para escribir y añado que no me da la gana comprar chantajes burdos de estar de un lado o del otro, según se lo apoye o no. Estoy del lado de la verdad y Lord Montajes en el opuesto. Y sus mentiras, lo confirman.

Los periodistas serios están protestando en diversos ámbitos por el matrato a su labor. En La Mañanera presidencial se abstuvieron de preguntar. Es su derecho. El del público es a no ser más bombardeado con mentiras de muchos pseudoperiodistas. Eso para mí es lo más importante. Es cuanto.