La intensa lluvia que castigó esta ciudad brasileña en la madrugada de este viernes obligó a los organizadores del Abierto de Río de Janeiro a suspender los dos últimos partidos de los octavos de final del único torneo ATP 500 de Sudamérica. Uno de esos encuentros fue en el que el español Carlos Alcaraz vencía por 5-4 al argentino Federico Delbonis.
Los organizadores esperaron cerca de tres horas a que las condiciones climáticas permitiesen su reanudación, pero acabaron por optar por anunciar su aplazamiento hacia la medianoche. Y es que la cancha principal estaba totalmente encharcada y sin condiciones para permitir la reanudación de los partidos. En el momento en que se anunció el aplazamiento tan sólo se habían disputado tres de los ocho partidos programados para este jueves
En consecuencia, Alcaraz, la joven promesa española de 18 años, podría verse obligado a disputar tres partidos en el mismo día al menos que renuncie a la competición por parejas, en la que juega al lado de su compatriota Pablo Carreño Busta. Ambos tenían que enfrentar este jueves a la pareja integrada por el español Marcelo Granollers y el argentino Horacio Zeballos por cuartos de final, pero el partido ni llegó a comenzar por la lluvia.
Con todo, las inclemencias del tiempo generaron un momento particular. Mientras los tenistas aguardaban a que la tormenta pasase, en ese largo e infructuoso lapso de espera, Alcaraz tuvo un gesto que define su personalidad. Yacía el tenista murciano cubierto por una estructura próxima a su banquillo, reservada para los jugadores en estos casos. Sin embargo, Carlos se saltó el protocolo e invitó a dos recogepelotas juveniles a guarecerse junto a él, pues estaban empapándose. Y entre sonrisas compartieron capota.