Opinión

Mi coraza protectora

TRIBUNA

Freddy Darino | Viernes 18 de febrero de 2022

Desde muy joven, vivo aferrado fuertemente a esta convicción: “tengo mi propia coraza protectora”, la que me ha permitido caminar sin temores por los senderos que el Amor me sugirió.

Y muchos años después, también he comprendido que no lo hice ni lo hago en soledad, sino acompañado por el amparo generoso de La Providencia, a partir del momento en que mis trabas interiores se ahuyentaron convertidas en trizas descartables…

Yo tenía apenas veinte meses de vida, cuando mi madre, a sus veinte años falleció enferma, y por ello, al no tener el más mínimo recuerdo de ella, la idealicé, siempre buscándola en la dimensión de las insondables distancias, como me decían cuando era un niño: “ella estará en una estrellita titilante que siempre te estará haciendo guiños desde el cielo…”

Y lo que creí de niño, porque así me lo inculcaron, lo mantuve durante toda mi vida, y para compensar lo que ha sido para mí una incomprensible y tan temprana carencia en mi existencia, constantemente he hablado con ella, hasta el punto que, hace unos años, una vez le dije: “No temas por mí, madre, yo tengo mi propia coraza y es tan dura como el diamante para que no la puedan atravesar así nomás, los dardos envenenados que nos puedan lanzar…”

Coraza que se me fue endureciendo a través de mi vivir con todo lo necesario que me dieron desde el vientre familiar, mientras yo me iba forjando en la fragua inextinguible del Amor.

Para ello y sin cesar, le arrimé leños secos a fin de mantenerla siempre encendida, al entender que no se termina nunca el tiempo en el que golpe a golpe uno se va formando, como se moldea el hierro hirviente al salir de la fragua, convencido desde lo más profundo de mi ser de la necesidad de ejercitar mis alas para poder levantar vuelo…

Y así, otear desde arriba los complejos escenarios en la búsqueda de horizontes nuevos, con renovados resplandores y con la esperanza creciente en cuanto a que no puedan envolvernos con sus tinieblas y ruindades, las sombras que el hombre arroja sobre sus semejantes…

Tengo claro que no es nada fácil la dura faena del vivir, y más cuando se tiene la convicción, como yo la poseo desde siempre, de ser un aplicado aprendiz mientras permanezca en esta vida, sintiendo siempre la necesidad de recurrir a los que más saben, aplicando el don de la vocación lectora que nunca me abandonó y orientándome con ella hacia la diversidad temática y conceptual en una búsqueda incesante de la Verdad a través de las distintas disciplinas del saber.

Y de ese modo, no flecho mis pensamientos ni caigo en las trampas de los que poco aportan a la elevación personal, ni soy prisionero jamás del “yo” mediocre y por lo general mezquino, y sí lo soy del “nosotros,” donde están mis semejantes que han sido siempre quienes más me convocan…

Gracias a ello, mi coraza siempre me ha protegido, para que no me confundan ni me perturben las mentiras que nos mienten, las excusas que pretenden justificar lo injustificable, las manipulaciones que nos ofenden, las trampas que nos tienden aquellos seres que por tener el dinero y el poder que de él emerge, tienen la osadía de intentar conducirnos, como si fuésemos títeres sin alma, muñecos manejables repletos de vacíos…

Por eso es que se afirman y reafirman mis responsables rebeldías y vivo cavando trincheras, o me subo a las tribunas o al ring donde en el buen sentido se pelea la vida al defender valores, justicia, libertad y dignidad, con actitud comprometida e involucrada, sin jamás desfallecer, enalteciendo valores irrenunciables que definen la naturaleza que el individuo bien plantado debe conservar y regar en su permanente caminar…

Sin torcer su rumbo, como se afirma la pequeña ramita plantada con una guía tutora, para su recta elevación buscando la luminosidad del sol que está en lo alto…

La vida no se nos ha dado para padecer, y por ello es inaceptable mantener silencio cuando se nos quiere condenar a derivas sin sentido y sin destino y frente a ellas, despliego mi coraza y siento que se multiplican mis rebeldías, mis protestas, mis denuncias, que se cuelan en mi alma por las rendijas siempre abiertas de mis libros, de mis reflexiones o de mis artículos, cuando analizo la realidad que hoy comparto a los eventuales lectores de El Imparcial que me honran al detenerse en mí, y como también lo hago en mi decir y en el hacer en mi cotidiano vivir…

Compartir, jamás convencer a nadie de nada, puesto que cada quien, tiene la legitima potestad de mantener y difundir sus propias ideas que siempre he de respetar.

Pero tendré y expresaré mis reparos, contra quienes lo hagan “de cualquier modo”, sin respetar la sensatez, la cordura que establecen las naturales normas de convivencia, o atropellando contra los derechos de los demás, ignorando preceptos Constitucionales, Leyes, Sentencias de los Tribunales de Justicia, sin medir consecuencias y todavía con un timonel rendido ante los insultos, amenazas, y chantajes por parte de quienes pretenden imponer condiciones y beneficios personales insultantes…

De ese modo, y con pactos arteros con quienes sostienes ideas trasnochadas e inconfundibles apuestas como enemigos de la Democracia, ninguna conducción política puede llegar a buen puerto con derivas sin norte por ambiciones inocultables, como ocurre con el actual timonel de España, con tal de mantenerse atado al apetitoso sillón de La Moncloa…

No, no podrán, les haremos frente con determinación desde la resistencia en la que formo parte como uno más desde mi humilde sencillez, y para eso también me será esencialmente útil la coraza protectora, sin perder jamás la esperanza de un nuevo renacer…, en el que más pronto que tarde se nos permita que emerja airosa la Justicia que han pisoteado y embarrado con una conducción que abandonó, traicionando tradiciones y grandezas conquistadas, que al fin permitieron décadas de concordia, desarrollo y prosperidad…