Todas las personas serias con las que he hablado sobre la situación del Partido Popular tras la colisión audiovisual entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso coinciden en lo mismo. Hay que restablecer la unidad del partido. Lo peor que le puede ocurrir al PP es permanecer en esa situación de trifulca constante en la que ahora se mueve. Sin anticipar soluciones, porque Flórez se ofrece y Casado piensa que el que resiste gana, habrá que buscar a gentes con autoridad capaces de reunir a los contendientes y acordar con ellos medidas de unidad.
Al “divide y vencerás”, orquestado desde hace meses por Pedro Sánchez y su think tank, solo cabe replicar con el “une y vencerás” de los que creen imprescindible arreglar las costuras descosidas y ofrecer a la opinión pública la unidad recobrada. Claro que no será fácil retornar a la situación de unión interna. Claro que hay obstáculos que parecen insalvables. Pero, como afirmó Adenauer ante la Alemania oriental sovietizada, “la unidad es la fortaleza y es necesario luchar por ella”.
Enrique López, con el buen sentido moderado del que siempre ha hecho gala, ha declarado: “Trabajaré para que se recupere cuanto antes la unidad tan importante dentro del Partido Popular y tan importante para España”. Y eso es lo que los militantes y los cargos del PP deben hacer por encima de las pasiones desbocadas, de las estériles agresiones, de las frases agresivas, que han hecho el juego -y lo siguen haciendo- a la enmascarada maniobra sanchista del “divide y vencerás”.
Lo que hay que hacer, desde el punto de vista de la salud del PP, está claro. Solo el voluntarismo político puede pensar que será fácil. No, la situación se ha complicado de tal manera que los populares precisarán de grandes dosis de generosidad, de prudencia y habilidad para recomponer la imagen de un partido que hace solo unos meses estaba considerado por todas las encuestas serias como vencedor de las elecciones generales.