Los griegos representaron la idea de Justicia, o la Justicia en sí misma, con la estatua de la diosa Themis. Tenía vendados los ojos, una espada en la mano derecha y una balanza en la izquierda. Era insensible al cohecho e imparcial en sus sentencias. Quien veía esa estatua captaba inmediatamente lo que entendemos por “idea platónica de la Justicia”.
¿Por qué a nadie se la ocurrido esculpir la idea platónica de la Injusticía? Por la sencilla razón de que no existe. De los actos concretos y limitados de justicia en este mundo podemos saltar teóricamente al valor ético de Justicia. Pero no es posible hacer lo mismo con las injusticias. O con las conductas antivaliosas en general. En efecto, en mi artículo en El Imparcial del 3 de febrero apliqué la Regla de Oro al aborto. Como era de esperar, de esa generalización resulta el absurdo de que los seres humanos desaparecerían de la faz de la tierra. Eso sería el “aborto en sí mismo”. No existe la Injusticia como tal. Sólo existen las violaciones concretas contra la Justicia.
Tampoco las ideas platónicas positivas existen propiamente. Pero al menos tienen sentido como metodología. Una vez identificados los valores éticos, que la intuición axiológica descubre en acciones humanas singulares, el paso siguiente es elevarlos a ideas platónicas. Nicolai Hartmann, que era ateo, se quedó ahí. Los valores como tales serían para él ideas platónicas positivas. En realidad, es lo mismo que ya hicieron antes los griegos. “Justicia en sí” y “diosa Themis” son sinónimos.
Pero la tesis de Hartmann es insostenible como solución definitiva. Un Logos sin su Esse correspondiente es pura fantasía, imaginación, ensueño, o como queramos denominar a lo que carece de existencia real. Sin embargo, su concepto de Justicia en sí como idea platónica positiva es útil como método. Es un paso intermedio y provisional en el razonamiento, aunque él lo estimara como definitivo. Su ateísmo visceral le impidió seguir el camino hasta el final.
En último análisis, los valores son perfecciones reales del Ser Necesario o Dios. Dios no practica la Justicia, como si ésta le fuera extrínseca. Dios es la Justicía en sí. Si recurrimos a la terminología “finito-infinito”, diremos que los hombres realizamos actos finitos de Justicia, pero Dios es la Justicia infinita. Y así con los demás valores. Dios es visto como “Valor valorum”.
Soy consciente de la instintiva repulsión que las fórmulas causan a muchas personas. Y sin embargo no tienen empacho en usar ordenador y teléfono móvil. Un mínimo de honradez intelectual debiera suscitarles curiosidad por la formalización de la lógica, gracias a la cual funcionan sus ordenadores y móviles. Así pues, seamos intelectualmente honrados e intentemos formalizar lo que
estamos diciendo. Hay que empezar por la definición de valor.
Sea a pagar el alquiler a fin de mes. Sea b entregar la mercancía en la fecha prometida. Y sea F el valor “Justicia” que intuimos en ambas conductas. Entonces Fa formaliza la oración del lenguaje ordinario “pagar el alquiler a fin de mes es justo. Y Fb formaliza es justo cumplir el plazo estipulado en un contrato”.
El segundo paso es introducir la variable x y entender Fx como “en la acción x aparece el valor de la justicia F.” Aún queda un tercer paso. Nos hace falta un símbolo para deber-ser ético. Utilizo la mayúscula griega Θ, por ser la inicial de “Dios” en esa lengua. Ya antes he afirmado que los valores éticos son en último término perfecciones reales de Dios.
De los tres pasos resulta esto: Fx & ΘF. Su traducción al lenguaje ordinario es “en la acción x brilla el valor F y el valor F debe ser”.
En pura teoría, F es la materia del valor y su forma es el deber-ser Θ. Pero separamos materia y forma sólo en nuestra mente. En la realidad son tan inseparables como la esfera y el material de que está hecha una bola. sea madera, metal o plástico La escueta fórmula Fx & ΘF expresa con símbolos la definición en lenguaje ordinario “valor es lo que debe ser, sea o no sea”. Añadamos que & está por la conjunción gramatical y.
Nótese que lo que debe-ser es el valor F y no la acción concreta x. Un mismo valor puede cumplirse de muchas maneras, incluso contradictorias. Un anciano resbala y cae en la calle. El que iba a su lado se apresura a levantarle. Pero un tercero que es médico lo impide. “Puede Vd hacerle un daño mayor que la propia caída. Llamemos al Samur”. Ambos cumplen el mismo F con x opuestas.
Este detalle es capital. No hay ciencia ética de los casos concretos x. Sólo Dios la tiene. La ciencia ética de los humanos se limita a los valores F. La x concreta es sólo la ocasión accidental para descubrir el valor F.
Por tanto, el casuismo, o pretendida ciencia ética de los casos concretos, lo formalizamos por Fx & Θx. Lo que debe-ser sería erróneamente la acción x. ¿Cómo formalizar los antivalores? Usemos ahora z como variable. Escribir -Fz equivale a la información meramente negativa “en la acción z no brilla el valor F”. Es insuficiente. Nos hace falta la afirmación de que z es una violación de F. Escribamos (z = -F). La formalización correcta de una conducta antivaliosa sería (z = -F) & Θ-z. La acción z viola el valor F y tal acción z debe no ser.
Aprovechemos la ocasión para sacar los colores al lenguaje ordinario. Solemos entender “eso no debes hacerlo” como una prohibición. Pero es un permiso. La palabra “no” está delante de “debes”. Niega la obligación. Lo correcto para expresar lo prohibido es el negador detrás, o sea, “eso debes no hacerlo”. Por eso escribimos antes Θ-z. Es la acción concreta z la que debe no ser.
Se acabaron los símbolos. El lector no familiarizado con ellos puede respirar tranquilo. Ahora haremos sólo alguna reflexión sobre ellos.
Tiene sentido metodológico usar las ideas platónicas positivas para pasar de las realizaciones positivas y finitas de este mundo hasta la Justicia en sí, que no es de este mundo. Provisionalmente podemos situarla en el mundo de las Ideas de Platón. Sirve como paso intermedio hasta concebir al final los valores en sí como perfecciones reales de la Divinidad.
Muy al contrario, carece de cualquier sentido intentar lo mismo con las injusticias, aunque también sean finitas y de este mundo. Al revés de las positivas, las ideas platónicas negativas carecen de utilidad en absoluto.
Al escribir antes (z = -F) hemos afirmando algo muy profundo. El mal no existe de la misma manera que existe el bien. No se puede poner el bien y el mal en igualdad de condiciones lógicas. En último análisis, el mal es privación, carencia, vacío, ausencia, nada, como ya objetó San Agustín contra los maniqueos.
“Bonum et esse convertuntur,” decían los medievales. Por tanto, “malum et non esse etiam convertuntur”. Si el bien y el mal existen de igual modo en nuestro mundo, eso es inestable y engañoso. Al final el mal desaparecerá en la nada, y sólo quedará el bien. El triunfo del bien sobre el mal tiene que ser total.
Relacionemos ahora las ideas platónicas negativas con el casuismo o pretendida ciencia ética de los casos concretos. Solemos afirmar con toda seguridad “Fulano hizo mal en lo que decidió” o “Mengana hizo bien al comportarse así”.
Todos los medios de comunicación social tienden actualmente, y cada vez más, a enfangarse en esta plebeya y agresiva ignorancia. En realidad, todos tendemos a opinar desenvueltamente sobre los casos concretos, como si tuviéramos certeza sobre el exacto bien o mal que hay en ellos.
Por otra parte, en los letreros que se exhiben en las manifestaciones callejeras se vitorean falsas ideas platónicas negativas, como si fueran valores. No digamos en las televisiones y demás medios de comunicación. Un ejemplo bien llamativo lo tenemos a mano. El Presidente de Francia Macron pide legalizar el “derecho a abortar”, como si estuviese respaldado por la fantástica idea platónica negativa “el aborto en sí mismo”. Probablemente no es consciente de esta falacia. Pero debiera caer en la cuenta del error que intelectualmente comete. Lo conseguiría si estudiase un poco de lógica.
La fuerza y el dinero de los poderosos intentan elevar hoy día las ideas platónicas negativas al nivel de “verdades éticas”, que el ciudadano debiera obligatoriamente aceptar. Se trata, como siempre, de la ley del más fuerte, del arbitrio de los poderosos de turno. “Sit pro lege mea voluntas”.
Cabe formalizar el inconsciente pero perverso uso que se hace de las ideas platónicas negativas así: (z = -F) & Θz. Casuismo a secas es atribuir el deber ser a la acción concreta z. Ahora se añade que la acción z viola el valor F.
Volvamos al casuismo solo. En los centros de enseñanza para empresarios se emplea el “método del caso”. Si un empresario se encuentra en esa situación, ya sabe lo que tiene que hacer. También se usa el mismo procedimiento para establecer protocolos de actuación en muchas profesiones. Llamemos a esto “casuística”. Y obviamente aceptamos que tiene utilidad y sentido. Pero el método del caso en ética es lo que peyorativamente designamos como “casuismo”.
Muy al contrario, “axiología” es el intento de identificar los valores éticos mediante la Regla de Oro, y dejar su aplicación al caso concreto a la libertad positiva de cada persona humana, que es única en la historia universal.
Sin duda todos tendemos a ser casuistas y no axiológicos. Pero justamente lo contrario es la manera honrada de pensar que nos permitiría ser mejores. Procurar no juzgar a los demás, y en cambio estudiar axiología, aunque haya que sudar un poco para entender los símbolos que hacen al lenguaje formalizado tan superior al capcioso lenguaje ordinario.