Opinión

Pasión de populares

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 23 de febrero de 2022

En la política de altura los celos son tan canallescos como en cualquier otro orden de la sociedad, lo que sucede es que en la parcela pública se crean vínculos de favor alrededor de quien tiene el mejor arcabuz capaz de disparar con pólvora ajena. Lo malo es que la cosa va subiendo de nivel y la guerra de egos se acomoda para luego dar paso a las envidias, las mentiras, el maltrato de palabra y al final “cierre la puerta al salir” Es decir, Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, sin olvidarnos de las terceras personas que a la chita callando hayan sido el detonante del conflicto, se han marcado una de Pimpinela en estado puro.

El señor Casado o no ha sabido, no ha podido o ha estado en uno de esos días en donde el yin y el yang no te dejan ver el bosque de la realidad. Lo cierto es que las crisis de liderazgo cuando enfrente tienes a una correctora de tramas como lo es doña Isabel no parece la mejor solución para salir airoso de una fea y torpe maniobra, presuntamente orquestada desde la Capilla Sixtina de Génova. El señor Casado, en el descorche de esta burda sátira, y refiriéndose a la señora Díaz Ayuso, dijo que nadie está por encima del partido. Supongo que al todavía líder del PP le ha traicionado su derroche de amargura, pues lo correcto hubiera sido manifestar: “Por encima del partido está España y los españoles” A lo mejor eso y no lo otro. He ahí la diferencia en favor de su contrincante más directa.

Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a quien por ovarios ha demostrado tenerlos más grandes que la colgadura del caballo de Esparteros. Ahora bien, no justifico la estética del conflicto, me parece que las formas han de ser consensuadas sabiendo elegir el escenario y a ser posible con madurez intelectual entre los contendientes. Lo cierto es que el resultado del melodrama es un fiasco en toda regla. Unos actores fuera de su papel frente al electorado, unos escenarios más propios de una corrala de Lavapiés y un guion escrito a trompicones en donde se traspasan todas las líneas de la moralidad y la decencia. A partir de ahí lo inevitable para el público espectador, la pataleta callejera y que me devuelvan el rosario de mi madre que en su día deposité en urnas.

Llegados a este punto creo que España no es tonta y quien la hace debe pagarlo; mientras tanto haré abstracción de tomar partido por la candidata al Oscar usando el comodín del beneficio de la duda que siempre ha de ser utilizado para casos de primeros auxilios. Ahora bien, no me negarán que el principal activo del PP no es otra que la señora Ayuso. De manera que la justicia independiente, la que no es sospechosa de nada, y siempre que la fiscal general del Estado se abstenga de intervenir por razones de afectación política, sea quien ponga orden en esta alfombra roja por la que desfilan o pueden desfilar muchos de los protagonistas de esta película. No es preciso resaltar que Díaz Ayuso dentro y fuera de España se ha ganado a propios, ajenos y a circunstanciales, de manera que es la única que puede sujetar en corto la coyunda de los oponentes más oscuros en gobernanza actual, sobre todo porque ahora saldrán por todas partes esos diosecillos bahúnos que en forma de buitres carroñeros tratarán de rebañar hasta las corvas de la elegida víctima.

Don Pablo Casado ha ido de más a menos de manera muy preocupante. Se ha instalado en el débil verbo de la no acción. Ha dudado en demasía y en política, quien no arriesga no gana ni en campo propio. Mientras tanto la sombra de Díaz Ayuso cada vez ha sido más alargada, tanto que incluso no encaja ni en el look de pija de la factoría Génova. De su éxito no hace falta más que confiar, pues su sola presencia eleva el caché por donde transita y eso desquicia al casadismo que ve en ella al arquetipo de la nueva política, la que huele a Chamberí y no a naftalina. Ella no precisa de hacer las Américas para conquistar mercado, se basta y se sobra con la inquina que fluye sin parar del sanchismo, sus acólitos y demás causahabientes que mecen la cuna por los favores tasados.

Cierto que Díaz Ayuso aprende rápido y los tiene bien puestos, pero sigue siendo joven para llevar las riendas del hasta ahora principal partido de la oposición, del que hace tan solo unos pocos meses guardaba una aparente salud institucional. Tiempo tendrá y dicho por ella misma su compromiso está en el fortín de la Comunidad de Madrid, que tantos éxitos cosecha. En fin, me consta que dentro del Partido Popular existen valores y barones que a fuerza del buen oficio reconduzcan lo antes posible la trágica situación creada. Si ese es Alberto Núñez Feijóo o cualquier otro u otra no les resultarán fácil reconstruir este desaguisado, pero la democracia en su conjunto necesita el equilibrio de la experiencia bien entendida y en eso el Partido Popular debe concursar con su académico oficio, siempre que se aleje de caudillismos internos y demás maniobras orquestales entre bambalinas. Unidad y fuera los viejos complejos pueden ayudar.