Nunca, entiéndase bien, nunca puse mis empeños para arrodillarme ante el endeble y traicionero altar donde se priorizan el dinero y el poder.
Hace ya muchos años le dejé escrito al entonces mi pequeño hijo, entre otras cosas este concepto que no me pertenece, pero que he hecho mío en mi largo vivir: “Nunca, en mis empeños por verte contento, he trazado signos de tanto por ciento…”
En el pasado ya lejano, siendo muy joven y con cuatro años de antigüedad en la institución bancaria en la que trabajaba ya con el cargo de “subjefe”, alguien muy poderoso que no me conocía a fondo, me ofreció la posibilidad de ganar más dinero y con él un mayor poder, cosas materiales al fin, que para su sorpresa rechacé de plano y en forma contundente, antes que negar la plena fidelidad a mis principios… Me había solicitado, esta condición: “que usted trabaje exclusivamente para mí”
No me conocía, y por ello no sabía: “que en esas condiciones o en cualquier otra exigencia, yo “exclusivamente” sólo trabajo para mí”.
Pero ahora no vale la pena que comparta más detalles de un episodio del ayer que dejé archivado sin olvidos donde correspondía y del que he dejado rastros en algunos de mis libros.
Sí, con total fidelidad a los principios que me inculcaron, y a los que yo pude enriquecer y fortalecer siempre en la fragua inextinguible del Amor en la que me fui forjando sin pausas.
¡A mí nadie podrá comprarme si yo no me pongo en venta!
No me interesan los excesos del dinero ni los bienes materiales, porque me bastan los necesarios, para vivir con dignidad…
Y si no acumulé más durante mi larga trayectoria, es porque lo di, lo compartí cuando fue necesario, con quienes han hecho la vida conmigo.
Y lo hice siempre sin esperar retornos, ni agradecimientos, ni reconocimientos que no fueran primero los míos, como manera de dejar tranquila y en paz a mi conciencia, que me exige ser útil a mis semejantes en forma generosa en todos los momentos de mi cotidiano vivir…
No obstante, sé que dejo una herencia mucho más valiosa. Un “legado espiritual” sobre el que sí puedo afirmar que nada tiene de componente material y mucho menos, de excesos trasnochados e innecesarios…
Un legado sobre el que no necesitaré testamento alguno y que mis seres queridos tendrán a su libre disposición, como lo serán también los muchos libros que dejaré escritos sin publicar todavía, en los que he puesto énfasis por esos condimentos espirituales que son esencialmente los que verán en las escenas conceptuales de mis relatos…, junto a los testimonios de mi propio vivir…
Tal es mi disposición por mis infaltables ansiedades, que tengo escritos mis discursos para la presentación de varios de mis libros no publicados, y los he escrito con muchos meses o años de anticipación, al pensar que en algún momento se pueda apagar mi voz o me llamen de esta vida hacia otra dimensión, en un más allá que espero alcanzar repleto de esperanzas, para seguir viviendo iluminado por el resplandor de la eternidad.
Allá aquellos que crean en la gloria que consiguen con el dinero, el poder, o sus fundamentalismos, sin llegar a comprender que “no hay mortajas con bolsillos a la hora de partir”, ni gloria alguna sembrando terror con sus extravíos mentales en los que también explotan.
Al atardecer de la vida no podrán dar las razones por haber vivido bajo las sombras de sus propios desvíos, sus odios, sus rencores, o los hielos en el alma de los que no han intentado desprenderse, dejando que se les congelara el corazón al atentar contra sus semejantes…
He tratado de vivir procurando elevarme, y en mi caminar sin soberbias, sin envidias, sin cálculos de conveniencia, que por lo general suelen ser mezquinos, jamás puse en venta mi dignidad, ni dejé de cultivar mi interior, sin detenerme demasiado en las imágenes que nos muestran los espejos… o en mentirme para también mentir…
He mirado la realidad que nos circunda en sus diversos escenarios, para profundizar en ella y luchar con irrenunciable fervor, contra todo y todos los que de un modo u otro atentan contra nuestra libertad y marchitan nuestra dignidad…
Pero no lo he hecho en soledad, la Providencia ha guiado mi caminar y me ha “dictado” lo más valioso de mis registros escritos, con la generosidad de no imponerme nada y sí dejarme los espacios necesarios para que yo incorporara algo más, siempre y sin condiciones en el uso del don del libre albedrío, que a todos se nos obsequió junto a la maravilla de la vida.
He procurado darlo todo, sin reservarme nada, y si algo atesoré, fueron valores, conducta, pasión siempre presente en mi vivir, sensible siempre a las carencias y dolores de mis semejantes, que jamás fueron ajenos para mí…
Entonces, mi legado es espiritual, es con ese sesgo que me subí siempre al ring desde el que se pelea la vida, debidamente entrenado para que no me voltearan al primer golpe, ni me vapulearan sin mis respuestas, como para pedir en actitud claudicante la toalla salvadora con una actitud mendicante, que mi naturaleza rechaza desde el fondo de mi alma.
De caer en esa postura humillante, para mí sería como empezar a morir, porque yo me aferro a la vida, para que, en cada presente de mi existencia, yo pueda seguir aproximándome al destino de mis sueños…, y renacer para la gloria de un reencuentro que lo justifica todo.