La FIFA y Rusia, Gianni Infantino y Vladimir Putin, mantienen una relación excepcional desde que el organismo entregara a Moscú la organización del Mundial 2018 de fútbol. La celebración del evento, sin un pero desde el prisma deportivo y de producción, sirvió para otorgar un espaldarazo internacional al mandato del Kremlin. Y desde entonces el gestor del balompié planetario y la nación rusa se han llevado de maravilla. Hasta que este mes se desatara la agresión -con aspecto de invasión- a Ucrania.
Eso sí, cuatro días de guerra tardó la FIFA en reaccionar. Al tiempo que el resto de organismo deportivos trasnacionales repudiaban la maniobra bélica rusa y señalaban la obligatoriedad de imponer sanciones a los deportistas y clubes de Rusia, Infantino y compañía se han mantenido silentes. Sólo este domingo anunciaron un puñado de medidas que, entre otras cosas, resultó muy insuficiente para Polonia, República Checa y Suecia, las selecciones nacionales que habían anunciado que no jugarían contra los rusos, aunque corrieran el riesgo de quedarse sin competir en Catar 2022.
"No se disputará competición internacional alguna en el territorio de Rusia, y los partidos como local se jugarán en territorio neutral y sin espectadores (...) La asociación miembro que represente a Rusia participará en cualquier competición bajo el nombre de 'Unión de Fútbol de Rusia (RFU)' y no 'Rusia' (...) No se utilizará la bandera o el himno de Rusia en los partidos en los que participen equipos de la Unión de Fútbol (de Rusia)", rezó la nota emitida.
Pero la presión no paró de crecer en torno a la posición de la FIFA. Dinamarca, Gales, Escocia, Países Bajos, Inglaterra, Francia, Irlanda, Suiza y Albania han confirmado este lunes que boicotearán el Mundial catarí si no excluyen a la selección rusa de fútbol de la repesca clasificatoria para dicho Mundial. Poniendo al organismo dirigido por Infantino en un brete considerable. Un entuerto al que han terminado por rematar la UEFA y el Comité Olímpico Internacional (COI).
El organismo futbolístico presidido por Aleksandr Ceferin está trabajando para eliminar al Spartak de Moscú de la Europa League y el COI se ha mostrado contundente en sus recomendaciones relativas a la guerra provocada en territorio ucraniano.
"La actual guerra en Ucrania pone al Movimiento Olímpico en un dilema. Mientras que los deportistas de Rusia y Bielorrusia podrían seguir participando en competiciones deportivas, muchos deportistas de Ucrania se ven impedidos de hacerlo debido al ataque a su país (...) La Ejecutiva del COI insta encarecidamente a las federaciones deportivas internacionales y a los organizadores de prueba deportivas en todo el mundo a que hagan todo lo que esté en su mano para garantizar que no se permita la participación de ningún atleta o dirigente deportivo de Rusia o Bielorrusia con el nombre de Rusia o Bielorrusia", ha indicado en organismo olímpico.
Y ha señalado que "los ciudadanos rusos o bielorrusos, ya sea como individuos o como equipos, deben ser aceptados únicamente como atletas o equipos neutrales. No deben exhibirse símbolos, colores, banderas o himnos nacionales".
Así las cosas, minutos después del comunicado del COI, la FIFA filtró que estaba afinando el aparataje legal para, finalmente, excluir a Rusia de la clasificación para el Mundial de Catar 2022. Y cuando la UEFA concretó la burocracia para poder eliminar a los clubes rusos y a la selección rusa de las competiciones internacionales, se anunció la exclusión demandada desde hace días por todas las partes implicadas. Salvo Moscú.
"El fútbol está totalmente unido y es plenamente solidario con todas las personas afectadas en Ucrania. Ambos presidentes esperan que la situación en Ucrania mejore significativa y rápidamente para que el fútbol pueda volver a ser un vector de unidad y paz entre los pueblos", señalaron este lunes los dos organismos en un comunicado conjunto. Rusia y sus clubes quedan fuera de toda ompetición continental y mundial.