AL AIRE LIBRE

LA DIGNIDAD DE PABLO CASADO

Luis María ANSON | Martes 01 de marzo de 2022
Semana a semana, Pablo Casado ha derrotado a Pedro Sánchez en el Congreso de los...

Semana a semana, Pablo Casado ha derrotado a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. Sus intervenciones demostraban la calidad del gran orador parlamentario que es, así como una demoledora capacidad dialéctica. Pedro Sánchez, que habla bien, con serenidad y sin aspavientos, sabía que no podía competir con la contundencia de Pablo Casado. Ahora se está frotando las manos porque no parece que el Partido Popular disponga de alguien capaz de sustituir en el debate parlamentario al hasta ahora líder del Partido Popular. Algo se ha hablado de que Núñez Feijoo podría confrontar en el Senado con el presidente del Gobierno. Pero no parece clara esa aspiración, como tampoco está claro que la oratoria del futuro presidente del Partido Popular pueda competir con la de Pedro Sánchez, que está crecido.

Pablo Casado no ha querido salir del Partido Popular de forma vergonzosa cuando ha hecho una gran labor en un partido que recogió de manos de Rajoy, ya en tercer lugar en las encuestas y con poco más de 60 diputados en las inmediatas elecciones, y que ha conducido al primer puesto. Las últimas encuestas, antes del escándalo, situaban al PP de Casado en 130 escaños.

En el Congreso Extraordinario del partido, convocado por la Junta Directiva Nacional, Pablo Casado hará entrega de la presidencia a quien los militantes del PP hayan elegido. Y comenzará una etapa en la que el nuevo presidente Núñez Feijoo, si es que se confirma, se someterá, comparaciones odiosas aparte, a la crítica de sus compañeros y de los profesionales del periodismo.

Pablo Casado se merece, en todo caso, el reconocimiento a un líder político de gran relieve que ha hecho una excelente gestión en favor del Partido Popular y, sobre todo, en favor del bien común de los españoles. Ante los 430 miembros de la Junta Directiva Nacional ha pronunciado un discurso de 11 minutos, que ha destacado por su seriedad y por el sentido de responsabilidad. También por la generosidad. Un ejemplo, en fin, de dignidad política y humana.