El Teatro Real estrenó el martes una bellísima ópera francesa del siglo XIX en versión de concierto: Lakmé, de Leo Delibes; una obra no tan representada como debería, pero queha dejado en la memoria colectiva momentos musicales tan evocadores e inolvidables como “El dúo de las flores” (que no hace muchos años acercaron al gran público las voces de Netrebko y Garanča), o el “Aria de las Campanillas”, uno de los temas más difíciles de ejecutar escritos para soprano.
Los lectores no iniciados que al leer la anterior entradilla hayan buscado en la red los temas apuntados captarán al instante, quizás ayudados por las torpes explicaciones que aquí se intentarán desarrollar, la extraordinaria belleza de esta ópera.
Para responder al por qué, al tema, al argumento y al estilo musical de esta maravilla del género es preciso retrotraerse al ambiente cultural del último cuarto del siglo XIX.A las campañas napoleónicas en Medio Oriente en el siglo XVIII, que desvelaron, entre otros, los tesoros del Antiguo Egipto (esto ya creó un gusto y una inclinación de los europeos hacia lo exótico), siguió, ya en el XIX, la dominación británica, que fue mucho más alláque las conquistas francesas llegando a colonizar la India y aún parte del Extremo Oriente. El contacto con otros pueblos y culturas favoreció una cierta fascinación por todo lo oriental y surgió así la corriente denominada orientalismo, que englobaba todo: arte, literatura, música, costumbres y hasta pensamiento. De hecho, el orientalismo constituyó una de las piedras de toque de los autores románticos. Había en general una disposición estética que acogía con gusto lo “extranjero”, por lo que tenía de alteridad en el sentido defendido por Staël(1766-1817) de respeto a otros pueblos, y no ya tanto de dominación o anexión, como había ocurrido en la época napoleónica. Otro de los gérmenes de esta predisposición a lo oriental fue sin duda la primera traducción al francés de Las mil y una noches. Hay que reconocer que la cultura europea llevaba bastante tiempo evidenciando signos de tedio y que el orientalismo trajo consigo un material totalmente nuevo y refrescante para artistas y literatos.
El anterior es el contexto en el que se inscribe nuestra obra. Estrenada en el Teatro de la Opéra-Comique de Paris en 1883, es una ópera en tres actos escrita sobre el libreto de Edmond Gondinet y Philippe Gille, basado en la novela Rararuou Le Mariage, de Pierre Loti. Está ambientada en la India Británica de mediados del siglo XIX. Lakmé, hija del sumo sacerdote del templo, y Gerald, un oficial inglés, se enamoran a primera vista: su amor es puro pero prohibido. Pese al ambiente oriental, el argumento no tiene nada de nuevo; tampoco el trágico desenlace. La verdadera novedad argumental consiste en insertar los sentimientos tradicionalesy manidos de la ópera de siempre en un contexto nuevo en el que los personajes estándiametralmente alejados en cultura, religión e ideales y, además,tienen intereses contrapuestos y excluyentes.
En el estreno del martes en el Teatro Real, la obra, privada de la parte escénica, dejó totalmente al descubierto la música de este genio de la tradición musical francesa que fue Delibes, que compuso sobre todo óperas y operetas. Uno de los aspectos posiblemente más elogiables de la partitura de Lakmées el esfuerzo de su autor por recrear musicalmente el ambiente oriental del argumento con la ayuda de elaboradísimos cromatismos y escalas -como en la aludida “Aria de las Campañillas”- y otros artificios musicales.Sin embargo, aún no había tenido lugar la Exposición Universal de París de 1889. Es un hecho sabido que esta muestra dio a conocer a Occidente las melodías de muchas culturas de Oriente y que este descubrimiento influyó en la forma de componer en adelante de multitud de compositores, como por ejemplo Debussy. Pues bien, la música de Lakmé evidencia que Delibes no había entrado en contacto con ese material musical en el momento de componer la partitura. Y es que el orientalismo del XIX fue el resultado de una reelaboración esencialmente europea hecha por artistas europeos de materiales no siempre tan orientales o, al menos, no orientales de primera mano; es decir, con materiales también europeos. El orientalismo fue ante todo una predisposición, un estado de ánimo hacia lo exótico y desconocido que los descubrimientos de los siglos XVIII y XIX habían alentado y la circulación de las ideas por la vía de la traducción se encargaba de alimentar.
Lo anterior resulta evidente en la producción operística: La reina de Saba (1862) de Gounod, Los pescadores de perlas (1863) o Carmen(1874) de Bizet, El rey de Lahore (1877) o Thaïs(1894)de Massenet, Sansón y Dalila (1877) de Saint-Saëns están entre las obras más elevadas de la producción operística francesa, pero no tienen nada de orientales en lo musical; su exotismo se queda en el libreto y en la escena. Algo muy distinto de lo que haría unos años más tarde y en otro país Giacomo Puccini con la introducción en sus óperas de cierto material oriental genuino, como la escala pentatónica japonesa, utilizada en Madama Butterfly (1904) y Turandot (1924).
En el papel de Lakmé pudo escucharse el martes a la francesa Sabine Devieilhe, una soprano ligera con una línea de canto bellísima y una extraordinaria coloratura. Ella y el tenor español Xabier Anduaga hicieron las delicias de una velada inolvidable en la que la magistral batuta de Leo Hussain, que dirigió el Coro y Orquesta titulares del Teatro Real prestando una sensibilísima atención a los matices musicales -que son muchísimos- de esta obra, completamente implicado en la actuación vocal (dando el espacio necesario a los cantantes y llegando a cantar junto con el mismo coro). Merece comentarse especialmente la actuación, en el papel de Gerald, de Xabier Anduaga, un jovencísimo tenor lírico nacido en San Sebastián (1995) con una excelente técnica y proyección vocal, además de una ya muy dilatada carrera a sus espaldas. Este cantante, que en 2019 -con tan solo veinticuatro años- recibió el primer premio del Concurso Operalia, se vislumbra ya como un referente mundial de la presente generación de jóvenes cantantes.
Lakmé se volverá a representar el jueves 3 de marzo en el Teatro Real.