Opinión

La guerra que los parió

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 02 de marzo de 2022

Que estamos inmersos en un mundo caduco es prueba irrefutable de aconteceres que se suceden unos tras otros sin descanso. Lo cierto es que en este proceso, nada natural, por cierto, y como no podía ser de otra manera, la mano del hombre está omnipresente. No hay tregua para digerir tantos fenómenos apocalípticos como se nos están juntando en tan poco tiempo, pero las desgracias que nos asolan no es que nunca vengan solas, es que nos hemos acostumbrado a convivir con ellas, que es lo peor de todo.

Las guerras, las pandemias, el hambre y tantos otros aterradores episodios que circundan nuestra existencia no es nada nuevo para la especie humana. En muchas otras partes del planeta es el día a día y motivos suficientes tienen para pretender idéntico trato e igual protagonismo que se le dispensa al conflicto de Rusia con Ucrania. Pero hasta para la adversidad existen calamidades de primera y segunda clase cuando los poderes terrenales afectan a los ratios de popularidad, según la hostilidad o la miseria estén en unas coordenadas geográficas u otras.

Dicho esto, que parece importar menos, quizás por sabido, pero no por ello menos inquietante por nuestra falaz hipocresía, no cabe duda que esta guerra es igual de canalla y absurda como cualesquiera de las existentes, ahora bien, siglo XXI y cuando todo parece gozar del plácet que ofrecen los estados del bienestar asentados en Occidente con sus agendas 2030 y 2050, viene un tal Putin a crear mar de fondo para poner todo patas arriba. Cuando digo lo de todos refiero a la Europa acomodada, dividida, e incluso timorata. Dirigentes que juegan a la diplomacia mientras esconden sus cartas por el miedo a perder pesebre y poco capaces de anular el postulado de alguien fuera de sus cabales. Por supuesto que Europa aplaude desde Bruselas con fervor de manera unánime, pero son ligeros pellizcos de monja mientras otros y otras combaten cuerpo a cuerpo dando su vida por unos valores. En definitiva, son los que sufren y piden ayuda a la desesperada. Lo cierto es que ante esta deriva las vidas humanas importan la friolera cantidad de la nada más absoluta.

Traídos al escenario de la contienda, lo peor de esta guerra no es la trivialidad de exhibir músculo bélico, sino el acto criminal de matar sin mirar a quien. Digo bien, cuando los niños son los mártires inocentes, además de cientos de civiles que mueren por culpa de quienes congregan crueldad fanática, no habría que andarse con rodeos ni diplomáticos ni burocráticos. Al comunismo más heterodoxo nunca parece cuadrarle las cuentas en eso de matar y lo peor es la descomposición sistemática de aquello que toma caminos de libertad. Por desgracia para algunas ideologías la misma historia comienza con idénticos amaneceres de muerte y destrucción. Cien años, con más de cien millones de muertos, aún no parecen ser suficientes.

Lo esencial de ahora mismo es cortar la hemorragia de crímenes contra la humanidad y detener a quien argumenta el orden inverso de la cordura como lo es Putin, máximo responsable de la sinrazón quien, además, tiene en sus manos nada menos que el botón rojo nuclear con licencia para convertirnos a todos en polvo de estrellas fugaces. Lo que me inspira un recelo especial en esta guerra es, como de costumbre, que las víctimas sean siempre las mismas, seres inocentes llevados al cadalso de un destino evitable pero indiferente para quienes tienen el regusto de matar bajo el palio de la iniquidad.

La diplomacia con su melindroso verbo y el pueblo con su refinada humanidad, aunque hagamos buena causa humanitaria donando en la distancia, no es ejemplarizante a diferencia de otras equivalencias reivindicativas que a bombo y platillo cobran interés callejero a base de grandes movilizaciones. Esta vez no y eso nos pone bajo sospecha por no interactuar como se debe, a lo mejor porque la logia que mueve los hilos tiene instruido algún plan para seguir reeducándonos en lo que ha de venir mientras nos televisan una guerra que a decir de ciertas voces no es tal, sino unas simples maniobras o como dijo hace unos días nuestra ministra Robles: “…..tan solo se trata de una amenaza y no de una invasión”. Y una vez más pretenden tomarnos por tontos cuando contemplamos la barbarie humana y material que está devastando Ucrania sin ninguna consideración por parte de Rusia. La crisis de Ucrania es la crisis de Occidente que ha pecado de ingenuidad frente al idealismo bélico de quienes se gustan a sí mismos haciendo evocación de ideologías tan amenazadoras como crueles. Lo cierto es que de nuevo el timo de la guerra bien pudiera esconder algo oscuro más allá de la crueldad para que la especie humana vaya “entrando” en el aprisco del miedo y la obediencia.

En fin, una guerra absurda, con protagonista irracional al frente de una peligrosa encrucijada, que quizás obedezca a un impulso emocional de Putin, sin más; pero sea como fuere, las hazañas bélicas del siglo XXI al contenedor de los crímenes de guerra, por favor. Mañana puede ser tarde.