Los calumniadores de oficio que han protagonizado en los medios de comunicación la campaña más miserable para descalificar al Rey Juan Carlos y destrozar la Monarquía, ni siquiera han tenido el decoro intelectual de pedir perdón ahora que, primero la Justicia suiza, después la española, han exonerado al Monarca de cualquier delito. Incluso algunos de los que se han pronunciado, tras el palo recibido, han continuado expresándose con reticencias y arbitrariedades, sumándose a la tradicional fórmula de la envidia y la mediocridad, “sostenella y no enmendalla”.
¿Tan difícil es reconocer el error cometido y pedir perdón por tanta tropelía? El Rey que trajo a España la libertad, la democracia y la prosperidad, el Rey que devolvió al pueblo la soberanía nacional secuestrada en 1939 por el Ejército vencedor de la guerra incivil, el Rey que desbarató el intento de golpe de Estado de 1981, ¿no se merece siquiera unas palabras de rectificación por las acusaciones y calumnias que profirieron contra él y que la Justicia ha desmontado?
“Pierde toda esperanza -me dijo ayer un compañero que se distingue por su seriedad y su ecuanimidad- nadie pedirá perdón, algunos callarán avergonzados, la mayoría continuará deslizando insidias y haciéndose eco de los chismes del comadreo político nacional”.
En todo caso, ahí está de nuevo el Rey padre, con su hoja de servicios abrumadoramente positiva. Son muchos los españoles que están deseando su regreso a España. Él sabrá administrar la nueva situación sin que se deriven daños colaterales para la Institución monárquica que encarna de forma ejemplar su hijo Felipe VI y que devolvió a España la libertad y el reconocimiento internacional, tras cuarenta años de una dictadura atroz.