Roman Abramovich, que hizo su fortuna de la desmembración soviética a base, entre otras maniobras, de sobornos, se hizo con la propiedad del Chelsea en 2003. A cambio de unos 90 millones de euros. Desde entonces el club inglés ha ganado 18 títulos, más que ningún otro equipo británico en esas casi dos décadas de mandato. En ese palmarés sobresalen dos Ligas de Campeones, trofeo nunca antes levantado por la entidad londinense y el primer Mundial de Clubes de su historia -logrado hace unas cuantas semanas-.
En su primer año se gastó más de 100 millones de libras en los fichajes de Claude Makelelé, Hernán Crespo, Juan Sebastián Verón, Damien Duff, Adrian Mutu y Joe Cole. A partir de ahí, la gloria deportiva. Convirtió al aguerrido equipo 'Blue' en una máquina exitosa, capaz de discutir con los aristócratas de Viejo Continente. Nombres como José Mourinho -que ganó para ellos su primera Premier League en 50 años-, Didier Drogba, Petr Cech, Ashley Cole, Michael Essien, John Terry, Frank Lampard, Thomas Tuchel, N'Golo Kanté y Kai Havertz protagonizaron la metamorfosis ganadora del club.
Pero a esa gloria sobre el césped acompañaría su indisimulable con Vladimir Putin. Esta estrecha relación le costó el comienzo de su declive en 2018, cuando fueron envenenados un agente doble ruso y su hija en Reino Unido. En ese momento Abramovich optó por no renovar su visado como inversor y pasaría a usar su pasaporte israelí si quería acceder a territorio británico. Por ese motivo casi no ha visitado Londres desde entonces. Sólo ha ido a Stamford Bridge una vez en estos años -en el pasado noviembre-.
Estos problemas emanados de la geopolítica no le han permitido remodelar el estadio del Chelsea, que se ha quedado atrás con respecto a los de Arsenal, Tottenham y Manchester City, sus competidores. Se le han denegado los permisos para acometer las obras necesarias, así que no ha podido llevar a cabo el proyecto con el que quiso poner la guinda a su presidencia.
El Parlamento de Reino Unido ha exigido más sanciones para él. Y, también, para los oligarcas rusos presentes en la economía británica. El dinero de la City proveniente de Rusia va a ser objeto de exámenes mucho más rigurosos, la presión sobre esos capitales va a aumentar considerablemente. Así lo afirman desde todos los matices de la esfera política isleña, hasta el punto de convertirse en un elemento corrosivo para el Gobierno de Boris Johnson. De hecho, le están reclamando que cargue de inmediato contra las propiedades de estos magnates -yates, casas o jets privados-. Aunque muchos de esos bienes yacen bajo paraísos fiscales.
Downing Street afirma que el proceso legal de confiscación de propiedades tiene unos tiempos que no se pueden acelerar. "Entendemos que algunas de estas personas tienen los bolsillos muy llenos, pero eso no significa que estén inmunes o exentos de ninguna forma", ha dicho este jueves a la 'BBC' el secretario de Estado de Seguridad, Damian Hinds. Y el diario 'Financial Times' ha avanzado que el Ejecutivo está ultimando los planes para embargar las propiedades a los oligarcas que hasta ahora han sido objeto de sanciones en este país. Hasta ahora, ha congelado los bienes de nueve oligarcas rusos, entre ellos Kirill Shamalov -exyerno del presidente Vladímir Putin-, Denis Bórtnikov -vicepresidente del banco VTB-, Elena Georgieva -presidenta de Novikombank- y Gennadi Timchenko -multimillonario amigo de presidente ruso-.
Por otro lado, la guerra en Ucrania ha provocado que en Francia se escudriñe a Dmitri Rybolovlev, dueño del Monaco desde 2011. Este millonario ruso está considerado por Estados Unidos como uno de los oligarcas más cercanos a Putin y ha sufrido problemas judiciales en Europa. Fue imputado por corrupción en 2018 -en relación con su afinidad con las autoridades judiciales del Principado monegasco- y ha mantenido una batalla con los tribunales con el marchante de arte suizo Yves Bouvier. Pero eso no le ha frenado para controlar la sección de baloncesto del Monaco, que está en manos de Aleksej Fedoricsev, otro empresario ruso.
Y la lupa se ha puesto también en otros oligarcas que han invertido en el fútbol continental, como Alisher Usmanov, una de las figuras principales en la ampliación de capital de Everton. El club de Liverpool anunció este miércoles que rompía sus acuerdos de patrocinio con tres compañías rusas (Yota, Megafon y USM). Las fuertes presiones recibidas como consecuencia de la agresión al país ucraniano han terminado por convencer al club de Goodison Park. Así que se han desembarazado de los petrorrublos de Usmanov, un sujeto calificado así por el Consejo de la Unión Europea: "Oligarca pro-Kremlin con vínculos estrechos con el presidente ruso Vladimir Putin".