Plaza & Janés. Barcelona, 2021. 608 páginas. 22,90 €. Libro electrónico: 10,99 €.
Por David Lorenzo Cardiel
«Calle de Carretas arriba y sorteando prostitutas, que habían salido en manada de los tugurios de la noche para ver, con éxito más que escaso, si los sirios resultaban una buena clientela, nuestros héroes llegaron a la plaza de Benavente y tiraron por Atocha hacia Lavapiés. Seguía el pertinaz sirimiri lagrimeando sobre la ciudad, pero ya estaban sobre las aguas móviles y las defecaciones se hundían en las alcantarillas camino del cauce del río Manzanares para disolverse en las piscinas del sur madrileño. Ahora olía a gasóleos, metanos, carburos, querosenos, hollines, azufres oxidados, lluvias ácidas y cielos herrumbrosos».
A medio camino entre la Ilíada y el Quijote, en un Madrid familiar, deforme, vulgar y atractivo a partes iguales, «Desi», como si los lectores le conociésemos de toda la vida, desfila por una ciudad -y un país- que parecen sacados de otro tiempo.
Pero no es esta la propuesta que el reconocido escritor Javier Reverte, tristemente fallecido en 2020, nos ha legado en esta novela póstuma, Hombre al agua. Quien lograra superar los doscientos cincuenta mil ejemplares con el libro más reconocible de su extensa trayectoria, El sueño de África, y cultivase géneros tan dispares como la poesía, la narrativa, el ensayo o las crónicas de viajes, ofrece en esta ocasión un inmenso regalo de despedida: una novela descomunal que, en la impronta literaria de nuestro tiempo, bien puede considerarse heredera del ingenio de Miguel de Cervantes, de Rabelais, Moratín o Valle-Inclán.
Hombre al agua contiene ya, en su título, la esencia de la guasa que el lector se encontrará hábilmente desarrollada a lo largo de las páginas. Nada más comenzarlo, su estructura delata ante qué clase de libro nos encontramos. Y es que Reverte consigue trazar una sátira moderna, ácida en su crítica a la sociedad y política españolas, al tiempo que, entretenida y ágil, dotada de personajes tan estrafalarios que por ello mismo reflejan nuestra humanidad: como el monstruo de Frankenstein, algunos de sus pedacitos de personalidad son fracción de la nuestra, aunque sea en parte efímera.
La novela tiene por protagonista a Desiderio, que además lleva por apellidos «Calvario» y «García», del que ya nos advierte la intención cómica de su nombre al inicio de la novela. Al contrario que los héroes clásicos, Desi nace fruto del azar, no recibe leche de teta de pequeño y, cuando comienza la trama, acaba de salir de la cárcel con unos sesenta años de edad, después de haber cometido un delito contra la Hacienda pública en una empresa para la que trabajó. Reverte nos sitúa en el año 2016, cuando el protagonista, sabiéndose un perdedor de la vida, subsiste en una triste pensión del madrileño barrio de Lavapiés. Inspirado por el amor, que de desencuentros sabe un rato, Desi acaba haciéndose miembro de un grupo de conspiradores, los Insurrectos, a cuál más estrambótico. Y en alianza con personajes entre horrendos y divertidos, Desiderio Calvario se irá abriendo camino en una realidad fantasiosa, pero tangible.
Hombre al agua es, en consecuencia, una novela brillante. Javier Reverte lo volvió a hacer: un libro que atrapa y divierte al mismo tiempo que ahonda en la multitud de detalles tramposos que pueblan la sociedad y el país de nuestros días y que pasamos por alto, por habituarnos a ellos en la necesidad del vivir. Una novela que la editorial Plaza & Janés ofrece a los lectores hispanohablantes en un formato cuidado, de tapa dura y buena calidad. No se pierdan esta póstuma joya del célebre escritor madrileño que, a buen seguro, les satisfará con creces.