Cultura

Renovación de la tauromaquia

(Foto: EFE / Jero Morales).

CRÓNICA TAURINA

Inés Montano | Martes 08 de marzo de 2022

Domingo de toros. Un día de pureza. La emoción era tan limpia como el sol de mediodía que iluminó una mañana de toros en Olivenza. Antonio Ferrera celebró el vigésimo quinto aniversario de su alternativa. Demostró que la vocación y el afán de superación pueden con todo. “Dilige, et quod vis fac” o “ama y haz lo que quieras”, estas palabras de San Agustín parecían un lema de la histórica corrida. Si te amas a ti mismo, o amas lo que haces, no puede haber engaño o medias tintas: cada movimiento u obra es un compromiso con uno mismo y, en consecuencia, con el publico. Pero hacer de la vida un arte, desgraciadamente, no está al alcance de todos.

Las lidias de los seis Victorinos fueron la respuesta artística del alto compromiso personal y profesional de Antonio Ferrera. Vimos el arte de la tauromaquia frente a las lidias o medio-lidias estancadas y acorsetatas por los reglamentos, o por las malas costumbres, o por los presidentes, o el propio público… El director de la lidia, el único espada, supo recuperar un tercio de varas en su prístina pureza; pudimos contemplar la embestida de un toro que arrancaba a casi treinta metros de distancia. Con un solo picador en el ruedo y el torero poniéndolo en suerte. Nadie más. ¿Una costumbre de tentadero? Quizá. Pero Ferrera ha mostrado que lo válido para el campo es también grandioso en una plaza de toros. Lo importante es que existan lidiadores capaces de llevarlo a cabo.Las tauromaquias antiguas durante siglos fueron fijando las normas, que posteriormente han de acatarse en cuanto a la técnica de este arte, pero, como cada arte en su momento, la tauromaquia ha llegado a un momento donde requiere una renovación estética o está abocada al anquilosamiento.

El maestro Antonio Ferrera está construyendo una estética de la tauromaquia actual. Se trata de una estética muy personal, efímera y fina como es el propio arte de torear. No podemos pasar por alto los toros que hicieron posible el gran triunfo de Ferrera y el gozo del público. Los Victorinos no se lo han puesto nada fácil, más bien lo contrario, pero lo difícil se veía tan fácil que cualquiera del público se creía capaz de hacer lo mismo. La faena de Ferrera parecía un poema hecho a base de la geometría, de mesura e inspiración, que culminó con el indulto del quinto toro de la tarde. ¿Cómo se puede combinar el cuidado y arrojo, la prudencia y valentía, la belleza y fuerza a la vez frente a unas fieras tan peligrosas? Ninguno de los astados de la tarde fue fácil, pero el entendimiento de sus querencias y de sus embestidas han permitido a Ferrera lucir, cediendo el protagonismo a sus contrarios. Por momentos parecían que ya no daban para más, sin embargo, brotaban los naturales y seguía la faena limpida.

¿Qué añadir más? El principio de la temporada ya da para redactar una nueva estética de la tauromaquia, cuya base es el arte y la libertad.