Con un 2022 impostergablemente olímpico, transcurriendo ya los Paralímpicos enterados del buen desempeño ucraniano en el medallero, el movimiento olímpico quedó atrapado entre la pandemia, el boicot a la sede china –efectuado por activa o por pasiva– y la guerra en Ucrania que lo golpea, así, pues, queda manchado el olimpismo en detrimento de China. Con Ucrania o sin ella, de todas formas se trataba de exhibirla. Un puerco sucio no puede ver a uno limpio, ya sabe.
El Año del Tigre no cesa de dar zarpazos cuasimortales. El olimpismo no se ha librado, porque atendiendo esta columna a los recientes Olímpicos invernales en Pekín, es que merecen varias anotaciones al no ser una simple anécdota deportiva. Sí, con pandemia deslucieron un poco. Para nosotros, en América, los Juegos en Asia son poco atractivos. No por su contenido, sino por el horario. Son jornadas que inician en nuestro anochecer, se prolongan toda la noche y terminan entre la madrugada y las primeras horas de la mañana. Por muy tarde, concluyen a las 9 de la mañana, hora del centro de México. Sume nuestra escasa participación nacional en la justa invernal y está servido un plato algo insípido
Desafortunadamente, así es y eso dificulta su seguimiento. Amén de que en las últimas ediciones olímpicas invernales, los canales abiertos de la televisión mexicana no han transmitido las competencias. Por fortuna, alguna cadena vía Youtube ha conseguido los derechos y pudimos admirarnos de las hazañas deportivas con la nieve y el hielo como testigos. Tal fue el caso de la chica esquiadora que le ha dado la plata a España. Y el sábado 19 de febrero por la noche, seguimos esa magnífica final de jóquey sobre hielo entre la campeona Finlandia y Rusia, que, ya se ve, no las tiene todas consigo la Santa Rusia en todos los escenarios. Y días antes de iniciar la invasión a Ucrania, ganándose el reproche del COI por no respetar la tregua olímpica, trazada, se dijo, aprobada el 2 de diciembre de 2021, cuya vigencia corría desde 7 días antes de iniciar las competencias olímpicas a 7 después de terminadas las paralímpicas.
Centrándonos en los nimbos Olímpicos, considerando que las sanciones merecidas al Comité Olímpico ruso se habían sostenido –acudir sin bandera ni himno– hasta antes de la guerra con Ucrania; resultó muy decepcionante la participación de la patinadora Kamila Valieva que dió positiva en dopaje. Su “hazaña” de salto cuádruple se fue al garete al dar positivo y aunque se ha deshecho en explicaciones, otros atletas descalificados en el pasado han apuntado con gran tino a que o todos coludos o todos rabones. Y aciertan. Ha sido una traición múltiple a la deportividad, haciendo gala de un antideportivismo brutal y mala técnica, al final. Merece no regresar. Su deshonestidad campea por encima de sus cuestionables méritos. No puede elogiarse por su dopaje.
China fue atacada tanto como cuando se le asignaron los Juegos de 2008. Desde países que en el tema Derechos Humanos tienen tanto mal ejemplo de violación a cuestionárseles como es Estados Unidos –que no se adornen demasiado los yanquis, que dentro y fuera de sus fronteras cuentan con muestras deplorables propias de violación a los Derechos Humanos– y que hicieron una sostenida campaña negra con estos Juegos. Mil y una quejas a la organización, cuando no pudieron desasignarlos. Tampoco han sido precisamente que digamos, amantes del juego limpio en su proceder. Medios yanquis exaltaron a su gente por encima de los verdaderos triunfadores y China hizo lo propio, denostando atletas de origen chino compitiendo bajo la bandera estadounidense. En menor medida, la BBC también hizo su campaña negra. Un día sí y otro también, ponían pegas al desarrollo de las competencias. No fueran sus países, porque todo sería alabanza. Facetos e hipócritas. Deportivamente, otras delegaciones fueron mucho más exitosas y eran las que sí ameritaban ser destacadas, mientras los medios occidentales solo se centraban en sus delegaciones, sin importar los méritos alcanzados o no. Muy parciales. Y en definitiva, lo que está en juego es la supremacía deportiva de las potencias y toda argucia, toda chapuza para demeritar al adversario, vale y se hace valer, por muy antideportiva que resulte esa conducta, que a estas alturas del partido solo nos recuerda que los Olímpicos únicamente son una cara más de una rivalidad confesa. ¿Deportivismo? sobra.
Semanas atrás expresé en este espacio que si tanto fastidiaba a esos países el tema Derechos Humanos en China y si de verdad les condolía y les incomodaba como gimotean, entonces no haber enviado ni un solo atleta a Pekín. Ni uno. Lo demás es bla, bla, bla. Desde luego que no se iban a abstener, porque poniendo por delante su hipocresía, el antagonismo disfrazado de deporte sano calculado en sus beneficios de prestigio por medallas y con el adversario en frente que además es el anfitrión, desde luego que primaba acudir; que una medalla bien paga y por detrás, no iban a perderse de luchar entonces, por las preseas, usadas como propaganda y ego nacionales a partes iguales. Es que son cosas distintas, acaban balbuceando para justificar su simulación, cariacontecidos. No, no son cosas diferentes, son caras de la misma moneda; y los DD.HH. no admiten esas torceduras. ¿Entonces? O la beben o la derraman. Nada más. Y concurrieron.
Faltaba lucir, derrochándola, esa doble moral típica al conducirse y sucedió de nuevo. Ahí comparecieron todos. Eso nada aporta al olimpismo y empuercan su proceder por ser una actitud tan ambivalente entre quienes vociferan el tema DD.HH., por deshonestos, hipócritas y mezquinos. ¿Dignidad en su participación? ¿anteponen su incomodidad revistiéndola de boicot diplomático? por favor, por favor, por favor. No. Y ya lo vimos: el "boicot diplomático" sirvió para maldita la cosa. Como es natural. Solo coloca en un brete a los deportistas y ya se constató: ni los Juegos se detuvieron por la ausencia de diplomáticos y representantes de ciertos países ni cambió nada por no acudir. Las ausencias tampoco impidieron el acercamiento Rusia-China en torno al tema ucraniano, favoreciéndolo.
Asistieron los que debían y se plantaron los que tenían algo qué ganar. Y tontos hubieran sido los chinos si no aprovechaban esta oportunidad para granjearse favores, alianzas, nuevos comienzos y lo han hecho, tanto como es posible y ya veremos futuras ocasiones en que los chinos hagan un mejor papel en Juegos Olímpicos invernales. Porque para eso también son estas ediciones: para fortalecer a los de casa hacia el futuro. Para el caso mexicano, ya es bastante haber acudido. Ha mejorado su presencia en estas competiciones y eso es loable. Muy lejos aún está de colocarse en los primeros lugares. Todo se andará.
Y el advenimiento de la guerra en Ucrania con su secuela de boicot, expulsiones, cancelaciones y cercos a Rusia, igual impactó en los Paralímpicos. La expulsión definitiva de rusos y bielorrusos solo confirma que este conflicto está en todos los niveles y escenarios, actuando determinadas instituciones y países cual si existiera una guerra declarada sin haberla, como ya lo advirtió Putin, acertadamente; y ha sido muy poco olímpico expulsar de los Paralímpicos sin más miramientos ni contemplaciones y al cuarto para la hora a rusos y bielorrusos, propinándoles un golpe certero escudado en las presiones de cancelación de países rivales en otros frentes, también. ¿Qué lo hizo por razones de justicia, olímpicas o deportivas? ¡Anda ya! Estarán de coña en el COI al afirmar: “creemos firmemente que el deporte y la política no deben mezclarse”. La expulsión binacional es una jugarreta deplorable del COI que suma a otras vergüenzas de su dilatada historia. Cierto es que la tirantez con Rusia ya viene de atrás y añade a que ya venía siendo amenazada con aislarla de los escenarios deportivos. Y viene estupendo sacar a rivales, dejando de lado discutir si el COI lo hizo antes o no, debiendo de hacerlo. Importa el aquí y el ahora. Y todo para quien crea que lo deportivo es lo único importante. Por supuesto, que no es así.