Traducción de Benito Gómez Ibánez. Seix Barral. Barcelona, 2021. 1040 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 9,99 €. El gran novelista norteamericano se convierte aquí en un biógrafo de lujo que nos sumerge en la breve pero apasionante vida de su compatriota Stephen Crane, a la vez que nos sirve una inteligente lectura de su producción, con títulos decisivos como La roja insignia del valor. Por Ángela Pérez
El nombre de Stephen Crane (Newark, Nueva Jersey, 1871-Badenweiler, Alemania, 1900) brilló con luz propia en el mundo de la literatura y el periodismo. Tuvo una breve pero intensa viva, muy alejada de las de sus padres, rigurosos y muy devotos miembros de la Iglesia metodista. Falleció muy joven, a consecuencia de una tuberculosis que se le originó el estar cuatro días en un barco a la deriva que naufragó mientras se dirigía desde Estados Unidos a Cuba. Autor de una docena de libros, se dio a conocer con Maggie: una chica de la calle (1893, donde refleja los bajos fondos de Nueva York, ámbito que conocía muy bien gracias a su trabajo como reportero. Esta novela corta ya despertó el interés de algunos escritores. Le siguió quizá su mejor y más popular obra, La roja insignia del valor (1896), extraordinario y personal acercamiento al enfrentamiento entre el norte y el sur de Estados Unidos.
La novela la protagoniza Henry Fleming, casi un adolescente que se alista voluntariamente en el ejército deseoso de aventuras -no conoce aún lo que significa la guerra-, y de demostrar, sobre todo a sí mismo, su valor. Sobre La roja insignia del valor señala Paul Auster: “Hubo una época en que La roja insignia del valor era lectura obligada para casi todos los 12 estudiantes de preuniversitario de Estados Unidos. Yo tenía quince años en 1962, cuando me encontré por primera vez con la novela, y para mí fue un descubrimiento tan explosivo y trascendental como para la mayoría de mis compañeros de clase (chicos y chicas por igual), pero ahora, por motivos que me resultan difíciles de entender, el libro parece haberse caído de la lista de lecturas obligatorias, lo que tiene el doble efecto de privar a los jóvenes estudiantes de una importante experiencia literaria”.
Igualmente dio a la imprenta algún otro título, junto a más de una treintena de relatos, no pocos de ellos modélicos, notables poemas y más de doscientos artículos periodísticos, algunos muy polémicos e influyentes como los dedicados a la campaña presidencial de 1892.
Sin duda, Stephen Crane fue una personalidad fascinante y un estupendo y revolucionario escritor: “Rehuyó las tradiciones de casi todo lo que se había producido antes de él, fue tan radical para su tiempo que ahora se le puede considerar como el primer modernista norteamericano, el principal responsable de cambiar el modo en que vemos el mundo a través de la lente de la palabra escrita”, apunta Auster.
Esa fascinación nos la trasmite con creces Paul Auster -nacido también en Newar- en una biografía novelada, que se apoya en una exhaustiva documentación y en una lectura sagaz y atenta de la obra de Crane, pero que no cae en ninguno de los vicios que en ocasiones empañan el trabajo académico. El propio autor de Trilogía de Nueva York, de 4 3 2, y de tantas novelas inolvidables apunta cómo ha abordado este trabajo: “No lo enfoco como especialista o erudito, sino como viejo escritor sobrecogido por el genio de un autor joven. Después de pasar los dos últimos años enfrascado en cada una de las obras de Crane, habiendo leído hasta la última de sus cartas publicadas, tras apoderarme de hasta el más pequeño detalle biográfico que caía en mis manos, me encontré tan fascinado por la frenética y contradictoria vida de Crane como por la obra que nos dejó”.
De su mano, recorremos no solo la trayectoria y la producción de Stephen Crane - Auster demuestra sus grandes dotes como crítico literario de lujo-, sino que nos sumergimos en el acontecer histórico, social y político de su época. Homenaje a Stephen Crane: “Ciento veinte años después de su muerte, Stephen Crane sigue ardiendo”, que nos aporta asimismo claves sobre su biógrafo.