Pedro Sánchez actúa como si gobernara con mayoría absoluta en el Congreso. Ya no cuenta ni con Podemos, su socio de coalición, para tomar decisiones tan trascendentales como enviar armas a la guerra de Ucrania o ceder al chantaje marroquí y, en un giro histórico, admitir la autonomía del Sáhara Occidental en lugar de defender, como siempre, la resolución de la ONU de celebrar un referéndum.
Ambas decisiones han indignado a Podemos por no haber sido informado y, además, porque el partido morado se muestra radicalmente en contra de las dos. Pedro Sánchez también ha despreciado al Parlamento, donde debería haber anunciado la cesión al chantaje de Marruecos y, naturalmente, a la oposición que se ha enterado por los medios de comunicación. La sorpresa y el rechazo de Argelia es la prueba de que tampoco había hablado con el país magrebí. Y, así, de un día para otro, España cambia su postura sobre un conflicto tan histórico como enrevesado. De ahí, el rapapolvo de Naciones Unidas contra el presidente español. Porque Pedro Sánchez parece gobernar con mayoría absoluta, cuando solo cuenta con 120 diputados, el Ejecutivo más débil de la democracia.
Y ése es el verdadero problema. Pedro Sánchez lleva camino de convertirse en un autócrata. Humilla a Podemos con la seguridad de que el partido morado tragará sapos antes de romper la coalición. Se salta la resolución de la ONU. Y su desprecio al Parlamento y a la Oposición forma parte de la prepotencia de Sánchez para gobernar, el único que desconoce que no cuenta con mayoría absoluta en el Congreso.