Nacional

Esposa del capitán herido en el atentado de Santoña: "Ni siquiera les odio"

ENTREVISTA A MARÍA VICTORIA PICANILL

Jueves 25 de septiembre de 2008
- ¿Cómo se encuentran?
- Mi marido se encuentra bastante mejor. Yo estoy un poco más tranquila, porque ya no tiene la mala gana y puede comer un poco mejor. No tiene dolor, pero el malestar y la mala gana hacían que no comiera y, si no come... Anda muy justo de glóbulos rojos y eso hace que no te recuperes tan pronto. De ánimo está bien. Es una experiencia inolvidable, que te da que pensar. El otro día apenas pegué ojo y me dije: ¡Madre mía! Pero en ese momento, me acordé del resto de las víctimas, de la pobre viuda. Cuando dicen "esto nos hace más fuertes", es verdad. A mí me ha hecho mucho más fuerte. Y pienso que hasta mejor persona. Esa fuerza interna la tenemos y nos hace superarnos. Las heridas físicas se curan más pronto o más tarde. Las psicológicas tardan más, pero también te dan más fuerza. Yo estoy hecha polvo, pero estoy fuerte. Ése es el mayor sentimiento, la fortaleza.

- Estaban ustedes de vacaciones en el Patronato.
- Habíamos llegado el domingo por la noche sobre las ocho de la tarde. Deshicimos la maleta y salimos a conocer un poco la ciudad. Tomamos unas tapillas, unas anchoas ... Vimos un barquito para dar un paseo por el mar. Teníamos entradas para ir al día siguiente a Altamira, íbamos a ir a Cabárceno... Lo que son unas vacaciones tranquilas fuera de las típicas del verano, del sol y la playa.

- Y al poco de acostarse, les dicen que tienen que dejar el edificio porque hay una amenaza de bomba. ¿Cómo pasó todo?
- Fue muy rápido, porque no dieron tiempo a que desalojáramos. No lo puedo explicar, fue: ¡venga, vamos, vamos, por allí, por allí! Y de pronto, ¡zas!, te ha pillado. Estábamos solos en la pradera cruzándola y fue la explosión... Entonces oyes a uno de los de la residencia pidiendo una ambulancia, ya ves movimiento de gente, ves a la Guardia Civil, a los artificieros. Pero tampoco había gritos, no había mucha gente. No sé... el silencio de después, quizás.

- ¿Su marido iba con usted?
- Habíamos salido juntos. Yo iba tres o cuatro pasos por delante de él. Entonces explota, sale la metralla y no sabes. Sé que de pronto no está detrás de mí, que lo echo en falta y lo veo en el suelo. Le pregunto: ¿qué te ha pasado?, ¡Dios mío! No oímos una gran explosión, fue un golpe seco y brillante. El sonido no lo escuchamos. Estábamos en mitad de la pradera y el sonido se fue hacia el mar. De hecho, todo el mundo ha comentado que se oyó aquí (en Laredo, al otro lado de la bahía de Santoña) horrores. La gente lo oyó muchísimo y pienso que más que nosotros.

- ¿Qué le diría a quienes les han hecho esto?
- No sé, ni siquiera siento odio. Estos días lo he pensado y ni siquiera les odio. No les odio. Simplemente digo que el que la hace, la paga. Y estos la han hecho y la van a pagar, la van a pagar. Cuando alguien hace algo mal, si es una persona normal, tiene cargo de conciencia. Éstos no son personas normales. Piensas: ¿serán enfermos? No, son asesinos. ¿Es su trabajo? Intentas ponerme un poco (en su cabeza) para explicarte por qué lo hacen. Porque, desde luego, hacerlo por independencia, no. Hacerlo porque quieren a su país, no. Porque no quieren a su país, a su amado País Vasco tampoco lo quieren. Son asesinos, gente sin sentimientos. Pienso que donde radica esto es en la propia sociedad vasca. Esto no va a terminar hasta que no les dejen de comer el coco, hasta que consigan aislarlos. Les comen el coco de tal manera que se lo creen. Nosotros sabemos que están en un error. Ellos no lo saben.

TEMAS RELACIONADOS: